Qué ver en Lublin
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Que ver en Lublin: Conoce esta increíble ciudad con esta guía completa

Por Cynthia Becerra Actualizado el 14 min de lectura

Lublin se recorre muy bien a pie. En un día da tiempo a visitar el castillo y su capilla, bajar por el casco antiguo hasta la plaza mayor y terminar la tarde paseando por la parte moderna de la ciudad. Pero lo que hay fuera del centro también merece tiempo. A pocos kilómetros está el antiguo campo de Majdanek, a las afueras hay un museo con casas rurales traídas de toda la región y, a menos de 100 kilómetros, tienes pueblos como Kazimierz Dolny o ciudades como Zamość. Por eso, antes de decidir qué ver en Lublin, conviene saber cuántos días vas a pasar allí.

Yo le dedicaría dos días a la ciudad. El primero para el castillo y el casco antiguo, y el segundo para Majdanek, el museo al aire libre y la cervecería Perła. Si puedes sumar dos días más, aprovéchalos para conocer Kazimierz Dolny, Nałęczów y Zamość. Lublin está a unas dos horas en tren de Varsovia y todavía recibe pocos turistas, así que se visita con mucha tranquilidad. Majdanek hace que el segundo día sea el más duro, pero también es el que mejor responde a qué hacer en Lublin cuando ya conoces el centro. La mejor época va de la primavera a principios de otoño, porque en invierno anochece muy temprano y las calles se quedan vacías.

En este artículo 5 secciones

Primer día, del castillo a la Puerta de Cracovia

Lo más cómodo es empezar por el castillo, en lo alto de la colina, y bajar desde ahí hacia el casco antiguo. Entras por una de las puertas de la muralla y sales por la otra, así no repites calles. Es la parte de qué ver en Lublin que yo no recortaría.

La Capilla de la Santísima Trinidad

Si solo pudiera entrar en un sitio de Lublin, elegiría este. La Capilla de la Santísima Trinidad (Kaplica Trójcy Świętej) está dentro del castillo y, vista desde fuera, parece una capilla gótica sin más. La sorpresa llega al entrar. Las paredes, las bóvedas y hasta las columnas están cubiertas de frescos bizantinos que el rey Vladislao II Jagellón encargó a un maestro de Rutenia y que se terminaron en 1418.

Encontrar arte ortodoxo en una iglesia católica polaca es algo muy poco habitual, y para mí fue lo más especial de la ciudad. Me impresionó lo bien conservados que están, sobre todo sabiendo que pasaron siglos tapados con cal hasta que alguien los descubrió por casualidad a finales del siglo XIX. Busca las escenas en las que aparece el propio rey.

Ten en cuenta que la capilla, la torre y el museo tienen entradas distintas. Si vas justo de tiempo o de presupuesto, la de la capilla es la que no me saltaría.

Castillo de Lublin, su torre y la mesa del diablo

La fachada blanca del Castillo de Lublin (Zamek Lubelski) corona la colina, y a los lublineses les gusta decir que tiene cara. Del castillo medieval solo queda la torre redonda. El resto se reconstruyó en el siglo XIX para usarlo como cárcel, y siguió siéndolo hasta 1944, con presos de la resistencia polaca y judíos.

Subir a la torre merece la pena. Tiene unos 20 metros, por el camino pasas por salas que cuentan la historia de la ciudad y desde arriba ves todo el casco antiguo. De todos los miradores de Lublin, es el que más me gustó.

El resto del edificio lo ocupa el Museo Nacional, que es enorme. Yo iría directamente a dos cosas: una mesa de madera con la huella de una mano que, según la leyenda, dejó el diablo después de un juicio injusto, y las salas de Tamara Łempicka. Si te gusta el arte, resérvale un par de horas.

Puerta Grodzka y la farola que nunca se apaga

Al bajar del castillo por la calle Zamkowa, junto al viaducto, verás una farola que está encendida día y noche. Es un recuerdo del barrio judío que había en esta ladera, donde vivía casi un tercio de la población de Lublin antes de la guerra.

La Puerta Grodzka (Brama Grodzka), pintada de amarillo, separaba ese barrio de la ciudad cristiana y es uno de los rincones más fotogénicos del centro. Dentro está el Teatro NN, un centro dedicado a la memoria judía de la ciudad que es mucho más grande de lo que parece desde fuera. Me parece muy recomendable para entender Lublin. Como curiosidad, aquí se rodaron escenas de la película A Real Pain.

Calle Grodzka, Po Farze y la estrecha Ku Farze

La calle Grodzka une las dos puertas de la muralla y es la mejor para callejear por el casco antiguo. Mira hacia arriba, porque sobre la calle hay un equilibrista con su mono. Es un homenaje al Carnaval de los Magos, un festival de circo que llena la ciudad de artistas a finales de julio.

En la plaza Po Farze solo quedan los cimientos de la iglesia de San Miguel Arcángel, del siglo XIII, pero hay una maqueta y un código QR con realidad aumentada para ver cómo era. Muy cerca empieza la Ku Farze, la calle más estrecha del centro, que ha salido en varias películas y es buen sitio para hacerse una foto. Te lleva hasta la antigua plaza del Pescado. Este tramo suele quedar en segundo plano cuando se habla de qué ver en Lublin, y para mí es el que más se disfruta paseando sin rumbo.

Plaza del Mercado y el Tribunal de la Corona

La Plaza del Mercado (Rynek) es el corazón del casco antiguo. Tiene una forma irregular y en el centro está el Tribunal de la Corona (Trybunał Koronny), un edificio clásico donde se juzgaba a la nobleza. Lo más bonito, de todas formas, son las casas de colores que la rodean, con sus fachadas renacentistas. La del número 12 es la más decorada. Es un sitio ideal para sentarse en una terraza y tomar algo mirando las fachadas.

Desde el Tribunal sale la ruta subterránea (Lubelska Trasa Podziemna), que recorre más de 250 metros de sótanos con maquetas de la ciudad en distintas épocas. Si llueve y no sabes qué hacer en Lublin, es buena opción, aunque la visita es en polaco, solo dan hojas en inglés y se hace algo pesada.

¿Hay que entrar en la basílica de los dominicos?

Sí, y sin prisa. Durante siglos, los dominicos guardaron en la basílica de San Estanislao uno de los fragmentos más grandes de la Vera Cruz, y se nota en la cantidad de dorado que hay dentro. En la primera capilla de la derecha está el cuadro del incendio de 1719, con la procesión que, según la leyenda, salvó la ciudad. Cuando salgas, gira a la izquierda y sigue hasta el final de la calle. Allí hay una puerta por la que se entra gratis al claustro y al tesoro.

Catedral de San Juan Bautista

Por fuera, la catedral es bastante sobria, y por eso el interior sorprende tanto. Se construyó entre 1592 y 1617 como iglesia de los jesuitas, es una de las primeras iglesias barrocas de Polonia y está inspirada en el Gesù de Roma. Los techos y las paredes están pintados en trampantojo por Józef Meyer, y la bóveda parece abrirse hacia el cielo. Me pareció espectacular.

Fíjate también en el altar mayor, que es de ébano, y no te vayas sin entrar en la sacristía. Tiene una acústica tan curiosa que, si susurras en una esquina, te oyen en la esquina contraria, mientras que en el centro no se escucha nada. Haz la prueba si no hay misa.

Si alguien me pregunta qué ver en Lublin con solo medio día, le digo que vaya a esta catedral y a la capilla del castillo.

Torre Trinitaria y la piedra de la mala suerte

Justo al lado de la catedral está la Torre Trinitaria (Wieża Trynitarska), el punto más alto del casco antiguo. Dentro hay un museo de arte sacro y, para llegar al mirador, hay que subir algo más de 200 escalones. Las vistas de los tejados están bien, aunque si solo vas a subir a una torre, yo elegiría la del castillo.

Muy cerca está la piedra donde antiguamente se ejecutaba a los condenados, y todavía se ve la marca del hacha. Dicen que tocarla trae mala suerte. Por si acaso, enfrente tienes a Felicia, la cabra de la buena suerte.

Puerta de Cracovia

Aquí se hace la foto más típica de Lublin. La Puerta de Cracovia (Brama Krakowska) se construyó en el siglo XIV, se reformó en estilo barroco en el XVII y hoy separa el casco antiguo de la parte moderna de la ciudad. Dentro está el Museo de Historia de Lublin.

En el lado de dentro de la muralla hay una pequeña cabra de bronce. La cabra es el símbolo de Lublin por una leyenda del asedio sueco, y esta es la primera de una ruta de más de diez repartidas por el centro. Si viajas con niños y no sabes qué hacer en Lublin entre iglesia e iglesia, buscarlas es un buen juego.

Al otro lado de la muralla, por Krakowskie Przedmieście

Al salir por la Puerta de Cracovia entras en la Lublin moderna, con calles más anchas, tiendas y restaurantes. Se recorre en un paseo tranquilo.

Krakowskie Przedmieście y la Cukiernia Chmielewski

Esta avenida era el antiguo camino hacia Cracovia y hoy es la calle principal de Lublin. Tiene edificios elegantes, el Ayuntamiento Nuevo y la Cukiernia Chmielewski, la pastelería más antigua de la ciudad. Es bonita para pasear y, si buscas qué hacer en Lublin a media tarde, merendar aquí antes de seguir hasta la plaza de Lituania es buen plan.

Plaza de Lituania y el portal a Vilna

En la Plaza de Lituania (Plac Litewski) se nota que estás en la ciudad moderna. Es la zona con más ambiente y en ella está el obelisco de 1825 que recuerda la unión entre Polonia y Lituania, firmada en Lublin en 1569. Las dos mujeres que se dan la mano representan a los dos países. A pocos metros tienes el letrero de I Love Lublin, donde todo el mundo se hace la foto.

Lo que más me llamó la atención fue el portal redondo que conecta en directo con Vilna, la capital de Lituania. Ves a la gente que pasa por allí y puedes saludarla. En las noches de verano, la fuente multimedia ofrece un espectáculo de agua y luces. Si vas con poco tiempo y te preguntas qué ver en Lublin fuera del casco antiguo, esta plaza te pilla de camino.

Centro de Encuentro de Culturas

Siguiendo por la avenida llegas al Jardín Sajón (Ogród Saski), el gran parque del centro. Justo enfrente está el Centro de Encuentro de Culturas (Centrum Spotkania Kultur). Las exposiciones son curiosas, pero a mí lo que más me gustó fue el edificio, con un bar con jardín, una azotea verde donde hay colmenas y un pasillo de cristal que lleva hasta un mirador. Desde ahí no se ve mucho del casco antiguo, pero es un sitio muy agradable para pasar la tarde si no te apetecen más museos.

Qué hacer en Lublin con un segundo día

Estas visitas están fuera del centro. A todas se puede llegar en autobús urbano, aunque a Majdanek te recomiendo ir en coche. Este segundo día es el que completa de verdad cualquier lista de qué ver en Lublin.

Majdanek

Majdanek es la visita más dura de Lublin, y aun así no la quitaría del viaje. El antiguo campo de concentración y exterminio está a unos 4 kilómetros del centro y se conserva casi tal como lo dejaron los nazis, que no tuvieron tiempo de destruirlo antes de la llegada del Ejército Rojo en julio de 1944. Fue el primer campo que se convirtió en museo, cuando la guerra todavía no había terminado.

Durante el recorrido se ven los barracones, las alambradas, las torres de vigilancia, las cámaras de gas y los crematorios, y al final llegas al mausoleo con las cenizas de las víctimas. Va mucha menos gente que a Auschwitz, así que la visita es más silenciosa, y también más dura.

La entrada es gratuita. Calcula entre 2 y 3 horas y, si puedes, ve en coche, porque el recinto es muy grande.

Museo al aire libre del pueblo de Lublin

Después de Majdanek, este museo es un cambio total. El Museo al aire libre del pueblo de Lublin (Muzeum Wsi Lubelskiej) está a unos 15 minutos del centro y reúne granjas, casas señoriales, un molino de viento e iglesias de toda la región. Lo curioso es que los edificios son auténticos: los desmontaron en su lugar de origen y los volvieron a montar aquí. Hay una iglesia católica de madera del siglo XVII y otra ortodoxa del XVIII, y las dos siguen abiertas al culto. Me parece muy recomendable, y si viajas con niños es lo primero que pondría en tu lista de qué ver en Lublin.

Cervecería Perła, bajo un antiguo monasterio

Yo dejaría la Cervecería Perła para el final del día. Su museo está bajo tierra, en las galerías de un antiguo monasterio que se convirtió en fábrica de cerveza en 1846, y la visita acaba con una degustación en la bodega. Me gustó mucho como plan diferente. El bar del complejo presume de tener una de las barras más largas del mundo, y si después de tantas iglesias no sabes qué hacer en Lublin, aquí lo tienes resuelto.

Atardecer en el lago de Zemborzyce

Si te sobra una tarde, acércate al lago de Zemborzyce, a las afueras. Se llega en autobús, y dar la vuelta al lago al atardecer es un paseo muy tranquilo para descansar de tanto casco antiguo. Si te quedas a cenar por la zona, en el Może tienen una tarta de queso que merece la pena.

Escapadas por el Vístula y hacia Zamość

Para conocer los alrededores lo mejor es ir en coche. A Lublin se llega bien en tren o en autobús, pero los pueblos se combinan mucho mejor por carretera. Kazimierz Dolny y Nałęczów, por ejemplo, se pueden ver el mismo día.

Kazimierz Dolny, el pueblo de los graneros

Kazimierz Dolny me parece precioso. Está a unos 50 kilómetros, a orillas del Vístula, y fue un puerto fluvial que se enriqueció con el comercio de grano. De aquella época conserva los graneros junto al río y las fachadas renacentistas de la plaza del Mercado, como las de las casas de San Nicolás y San Cristóbal, llenas de relieves. Es el pueblo más bonito de la zona y entiendo que siempre haya atraído a tantos pintores.

Sube a la Colina de las Tres Cruces, que tiene la mejor vista del valle, y acércate a las ruinas del castillo y su torre. En la iglesia parroquial busca el candelabro con cabeza de ciervo y el órgano del siglo XVII, uno de los más antiguos del país. Si te sobra tiempo, a 16 kilómetros está la bodega Las Stocki, donde hacen catas de vino ecológico. Cuando amplío qué ver en Lublin a los alrededores, Kazimierz es el primer nombre de mi lista.

Zamość y sus casas armenias

Zamość está más lejos, a unos 90 kilómetros, y merece un día entero. Se fundó en 1580 y el arquitecto italiano Bernardo Morando la diseñó siguiendo el modelo de ciudad ideal del Renacimiento. Está tan bien conservada que es Patrimonio de la Humanidad.

Su plaza mayor es de las más bonitas de Polonia. Las casas armenias, de colores y con los áticos decorados, eran de comerciantes ricos, y el Ayuntamiento con su torre preside la plaza. Intenta estar allí a mediodía, cuando un trompetista toca desde la torre hacia todos los puntos cardinales menos hacia Cracovia. Y no te vayas sin probar el pastel armenio, hecho con hojaldre, crema y nueces.

Nałęczów y los barrancos de loess

A unos 25 o 30 kilómetros de Lublin, Nałęczów es un pueblo balneario muy tranquilo, con casas de madera y un parque con lagos y puentes. Lo que más me atrae son los barrancos de loess, unos senderos entre paredes de tierra que ha ido abriendo la erosión y que en otoño están muy bonitos. Si quieres verlo de una forma diferente, la empresa Retro Melex organiza paseos en coche antiguo.

Si tienes todavía más días, hay dos opciones que me gustan. Desde Kazimierz Dolny puedes cruzar el río en ferry hasta Janowiec para ver su castillo en ruinas, y se suma fácil a esa excursión. El Parque Nacional de Roztocze, con bosques, ríos y rutas en bici, ya es casi otro viaje.

Con qué me quedo de Lublin

Me quedo con tres sitios. La Capilla de la Santísima Trinidad, por sus frescos bizantinos, que no vas a ver en ninguna otra iglesia de Polonia. La catedral, por lo que impresiona su techo pintado en trampantojo. Y Zamość, porque solo su plaza de casas armenias ya justifica quedarse un día más.

Si vas justo de tiempo, prefiero que te saltes alguna torre antes que Majdanek, aunque sea la visita que menos apetece. Con todo esto tienes claro qué ver en Lublin en dos días, y con dos más puedes conocer también la región.

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