¿Qué ver en Ravenna?

La mayoría de viajeros le dan a Ravenna un día desde Bolonia, y con un día se cubren los cinco monumentos del ticket combinado y la tumba de Dante. Es suficiente para entender por qué la ciudad tiene ocho monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pero la lista de qué ver en Ravenna es bastante más larga que esos cinco nombres, y quien se queda una noche o dos descubre capas que la excursión rápida no toca.

Ravenna fue la última capital del Imperio Romano de Occidente y conserva los mejores mosaicos bizantinos que existen. El centro histórico es compacto y se recorre a pie, pero hay lugares que piden salir a las afueras y otros que solo aparecen cuando dejas de seguir el itinerario del ticket. Yo lo he organizado en tres niveles: lo imprescindible, lo que se abre con más tiempo y lo que está fuera del casco histórico.

Los cinco del ticket combinado y lo que hay entre ellos

El ticket combinado agrupa los cinco monumentos que encabezan cualquier guía de qué ver en Ravenna. Se compra en la taquilla del primero que visites, es válido durante siete días y el precio ronda los 10 euros. Yo le dedicaría al menos medio día sin prisas.

Basílica de San Vitale, el monumento que justifica el viaje

Es el monumento más emblemático de Ravenna y el que yo pondría primero en cualquier visita. Por fuera, un edificio octogonal de ladrillo del siglo VI que no promete gran cosa. Por dentro, otra historia. Los mosaicos bizantinos del ábside me parecieron espectaculares, con las figuras del emperador Justiniano y la emperatriz Teodora representadas con un detalle que aguanta quince siglos sin inmutarse. La basílica se consagró en el año 547 y el interior combina los mosaicos con frescos barrocos posteriores en la cúpula. Yo le daría al menos media hora para recorrer el ábside y fijarse en los suelos de mármol.

Mausoleo de Gala Placidia, pequeño por fuera y espectacular por dentro

Está en el mismo recinto que San Vitale, a pocos metros. La visita tiene horario reservado y tiempo limitado porque el espacio es muy reducido, así que conviene reservar la hora al comprar el ticket. Los mosaicos son espectaculares, al nivel de San Vitale pero vistos desde mucho más cerca gracias a las dimensiones del edificio. El cielo estrellado de la cúpula, con teselas en azul oscuro y oro, es probablemente la imagen más reconocible de Ravenna. Se construyó en el siglo V y alberga los mosaicos más antiguos de la ciudad.

Baptisterio Neoniano, la cúpula que vale la reserva

Hay que reservar hora al comprar el ticket, igual que en Gala Placidia. La planta octogonal y el espacio íntimo obligan a limitar el aforo, pero eso permite ver la cúpula sin aglomeraciones. El mosaico representa el bautismo de Cristo rodeado por los doce apóstoles, en tonos azules y dorados. Si los mosaicos de las basílicas ya te parecen espectaculares, este baptisterio remata la experiencia con una pieza que se ve a un metro de distancia. Se construyó en el siglo V sobre unas antiguas termas romanas y es el baptisterio paleocristiano mejor conservado que existe.

Sant’Apollinare Nuovo, los mosaicos de pared que no terminan nunca

Toda la nave central está cubierta de mosaicos de arriba abajo. Las paredes muestran escenas de la vida de Cristo y procesiones de santos y vírgenes, repartidas en tres bandas que recorren la basílica entera. Los arcos de mármol que separan las naves son preciosos.

La construyó el rey ostrogodo Teodorico a finales del siglo V y aquí se puede encontrar la primera representación conocida de los Reyes Magos con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. Es una visita que yo no recortaría aunque fuese justo de tiempo.

Museo Arzobispal y Capilla de San Andrés, la visita que se suele saltar

Entra en el ticket combinado y muchos viajeros se lo saltan porque suena a museo religioso menor. Dentro hay dos piezas que compensan el rato: la Capilla de San Andrés, el único ejemplo de capilla arzobispal paleocristiana que se conserva, con mosaicos del siglo V y una figura de Cristo representado como guerrero sobre la puerta, y el Trono de Maximiano, una silla episcopal tallada en marfil con un nivel de detalle que cuesta creer para una pieza del siglo VI. Yo le daría veinte minutos como mínimo.

Tumba de Dante, la historia que no te esperas

Dante acabó sus días en Ravenna, desterrado de Florencia, y sus restos reposan en un pequeño mausoleo neoclásico junto a la Basílica de San Francisco. La visita dura poco, pero la historia del lugar le da peso. Los frailes franciscanos sacaron los huesos del féretro para que Florencia no se los llevara, los escondieron en una caja dentro de un muro y allí aparecieron siglos después, casi por casualidad. Hoy Florencia envía cada año el aceite que mantiene encendida la lámpara votiva de la tumba. Forma parte de qué ver en Ravenna tanto como los mosaicos, aunque por razones completamente distintas.

Piazza del Popolo, donde empieza y termina todo

La plaza es preciosa y funciona como el centro de la vida de Ravenna. El Palazzo Comunale ocupa uno de los laterales, hay una torre con un reloj y dos columnas con las estatuas de San Vitale y San Apollinare. Es un buen punto de partida para orientarse porque casi todos los monumentos quedan a pocos minutos andando. Las terrazas de la plaza son un buen sitio para hacer una pausa entre visitas.

Si le das a Ravenna un segundo día

Lo que viene ahora es lo que separa la excursión rápida de la visita completa. Ninguno de estos lugares entra en el ticket combinado, pero varios son Patrimonio de la Humanidad y el resto aporta capas que el primer día no toca.

Baptisterio Arriano, el gemelo menor que merece cinco minutos

Tiene entrada gratuita y está en otra zona del centro, a unos diez minutos andando de Sant’Apollinare Nuovo. La planta es octogonal, como la del Neoniano, y la cúpula conserva un mosaico con la escena del bautismo de Jesús rodeado de los apóstoles. Las paredes perdieron su decoración original, pero durante unas excavaciones se encontraron más de 170 kilos de teselas en el suelo, lo que da una idea de cómo debió ser el interior completo. Lo mandó construir Teodorico a finales del siglo V y es una de las pocas opciones gratuitas en la lista de qué ver en Ravenna.

Domus dei Tappeti di Pietra, mosaicos bajo tus pies

Se accede por la iglesia de Santa Eufemia, bajando varios metros bajo el nivel de la calle. Abajo están las catorce estancias de una antigua casa romana descubierta en 1993 durante unas obras de construcción. Los mosaicos del suelo son espectaculares, hechos con piedras de colores que forman figuras geométricas y escenas como la danza de los genios de las estaciones. Merece mucho la pena bajar a verlos, es algo completamente distinto a los mosaicos de las basílicas. La entrada ronda los 4 euros.

Basílica de San Francisco y la zona dantesca, más allá de los mosaicos

La basílica donde se celebró el funeral de Dante tiene un detalle que justifica la parada. Bajo el altar mayor hay una cripta del siglo X con el suelo permanentemente inundado de agua, y se pueden ver peces nadando entre los restos de un mosaico. La Piazza San Francesco que la rodea tiene soportales y buen ambiente para sentarse.

Alrededor de la tumba del poeta se extiende la zona dantesca, un área de silencio que incluye el Quadrarco di Braccioforte, un antiguo oratorio con dos sarcófagos del siglo V donde estuvieron ocultos los huesos de Dante, y el Museo Dante, instalado en los claustros franciscanos con paneles sobre la vida del poeta y una biblioteca dantesca con cerca de 19.000 obras.

Cripta Rasponi y Jardines Colgantes, fácil de pasar de largo

El acceso está bajo los soportales de la Piazza San Francesco, entre bares, y mucha gente lo pasa de largo. Abajo hay una cripta pavimentada con fragmentos de mosaico procedentes de la iglesia de San Severo, y arriba unos jardines con una torre neogótica desde la que se ve la zona dantesca y la Piazza. Yo le dedicaría un cuarto de hora como mucho, pero es una parada tranquila que encaja bien después de visitar la tumba de Dante.

Palazzo Teodorico, lo que queda del rey ostrogodo

No es una visita larga ni espectacular, pero la entrada es gratuita y queda justo al lado de Sant’Apollinare Nuovo. Son los restos de lo que se cree que fue la entrada al palacio de Teodorico. En la planta alta hay un pequeño museo con restos de mosaicos de suelo encontrados en las excavaciones, algunos con capas superpuestas de distintas épocas. Si ya estás en la zona, son diez minutos bien invertidos.

Catedral de Ravenna, la que nadie pone en la lista

No entra en el circuito UNESCO y casi ninguna guía la destaca, pero la Catedral de la Resurrección de Cristo tiene un campanario cilíndrico del siglo X, una cripta y una cúpula pintada al fresco que merece levantar la cabeza. La transformación definitiva fue en el siglo XVIII, en estilo neoclásico, así que el interior no tiene mosaicos bizantinos. Está junto al Baptisterio Neoniano y la visita es rápida.

El paseo por el casco antiguo, bonito y sin agobios

Las calles peatonales de Ravenna son bonitas y merece la pena dedicar un rato a caminar sin rumbo. Hay heladerías y cafeterías a las que dan ganas de entrar. Si buscas detalles curiosos, en la Via Mentana cuelgan paraguas de colores sobre la calle y por el centro aparece un mural del artista brasileño Kobra con un retrato de Dante a gran escala. La Puerta Adriana, uno de los antiguos accesos a la ciudad por la muralla oeste, queda también a mano para quien pase por esa zona.

Biblioteca Classense, no es lo que parece

Instalada en un antiguo monasterio camaldulense, esta biblioteca guarda uno de los diecisiete ejemplares que quedan del primer libro impreso en Italia y la colección más completa del mundo sobre la obra de Dante. El Aula Magna se visita por las mañanas entre semana y tiene globos terráqueos de Coronelli, un armario de libros prohibidos y el féretro de cristal en el que se expusieron los huesos del poeta cuando se recuperaron en 1865. Es una visita que no aparece en la mayoría de listas de qué ver en Ravenna y que aporta una capa completamente distinta a los mosaicos.

Teatro Alighieri, un pedazo de Venecia en Ravenna

Lo construyeron los mismos hermanos que levantaron La Fenice de Venecia, y el interior lo delata. Patio de butacas en herradura, una lámpara de araña con cinco mil prismas de cristal y los llamados retropalcos, unas salitas detrás de cada palco donde los señores podían cambiarse de ropa o recibir visitas durante la función. Solo se puede entrar con visita guiada reservada con antelación para un mínimo de cuatro personas. Es un lugar de nicho, pero quien viaje con interés por la arquitectura o la ópera lo agradecerá.

Museo TAMO y taller Koko Mosaico, los mosaicos del siglo XXI

El TAMO ocupa la antigua iglesia de San Nicoló y funciona como museo del mosaico en todas sus épocas, desde piezas de Bizancio, Siria y Jordania hasta obras contemporáneas inspiradas en la Divina Comedia. A pocas calles, el taller Koko Mosaico permite comprar y aprender a hacer mosaicos con los mismos materiales que se usaban hace quince siglos, como cristal, oro y mármol. Ravenna sigue produciendo mosaicos, no se limita a conservarlos, y estas dos visitas lo demuestran.

Más iglesias para quien quiera completar el mapa

La Basílica de Santa María Maggiore está junto a San Vitale y guarda el sarcófago de la familia Rasponi y la tumba del arquitecto Camillo Morigia, que diseñó el mausoleo de Dante. La Basílica de San Giovanni Evangelista, mandada construir por Gala Placidia en el siglo V como exvoto tras sobrevivir a una tormenta en el mar, conserva fragmentos de mosaicos de suelo sobre la Cuarta Cruzada, aunque el ábside original se perdió en los bombardeos de 1944. La Iglesia del Espíritu Santo, junto al Baptisterio Arriano, fue la antigua catedral arriana y hoy apenas conserva rastros de su origen. Ninguna de las tres justifica un viaje por sí sola, pero si ya estás en Ravenna con tiempo de sobra, suman.

Museos y jardines, para el final del segundo día

El Museo d’arte della città, dentro de la Loggetta Lombardesca, tiene más de trescientas obras entre pintura y escultura. El Museo Nacional, en el complejo de San Vitale, expone cerámica, bronces e iconos bizantinos. Los jardines públicos están junto a la Loggetta y allí mismo hay un pequeño Planetario. Son visitas menores para quien quiera completar la lista de qué ver en Ravenna antes de marcharse.

Fuera del centro: Classe, Teodorico y Mirabilandia

Tres visitas que obligan a salir del casco histórico. Classe está a unos 8 kilómetros y se llega en bus o en tren. El Mausoleo de Teodorico queda en un parque a las afueras. Mirabilandia es un cambio de registro total para familias.

Basílica de Sant’Apollinare in Classe, la excursión que compensa

Se llega en las líneas de bus 4 o 44 desde el centro, o en tren. Es el mayor ejemplo de basílica paleocristiana que existe y el ábside conserva uno de los mosaicos más grandes que han llegado hasta nuestros días, con la figura de San Apolinar rodeado de doce corderos que simbolizan a los apóstoles. La consagraron en el año 549 y el interior, con 24 columnas de mármol griego, tiene una luminosidad que no se encuentra en las iglesias del centro. De todo lo que hay que ver en Ravenna fuera del casco histórico, esta basílica es la prioridad.

Museo Classis Ravenna, el complemento de Classe

Si ya estás en Classe para la basílica, a cinco minutos andando hay un museo instalado en una antigua azucarera cerrada en 1982. Recorre la historia de la ciudad y del antiguo puerto romano de Classe a través de una línea del tiempo. En el exterior tiene una cascada de mosaico que se puede ver sin entrar. Encaja bien como complemento de la basílica, pero yo no haría el desplazamiento solo por el museo.

Mausoleo de Teodorico, más historia que mosaicos

El rey ostrogodo lo mandó construir en el año 520 como su propio sepulcro, aunque durante la dominación bizantina le retiraron el cuerpo y lo reconvirtieron en capilla cristiana. Está en un parque a las afueras, accesible a pie desde la estación. Es un edificio robusto de dos pisos en piedra de Istria con una cúpula monolítica, pero no tiene mosaicos ni decoración interior destacable. De los ocho monumentos UNESCO que ver en Ravenna, es probablemente el menos vistoso. Yo lo dejaría para el final si sobra tiempo.

Mirabilandia, el cambio de registro total

Un parque de atracciones a pocos kilómetros de Ravenna con más de 850.000 metros cuadrados de montañas rusas y atracciones para familias. No tiene nada que ver con los mosaicos ni con el arte paleocristiano, pero quien viaje con niños o busque un día de diversión lo agradecerá. Es uno de los parques más grandes de Italia.

¿Qué ver en Ravenna si solo tienes un día?

Si solo tienes un día, el ticket combinado resuelve la visita. La Basílica de San Vitale y el Mausoleo de Gala Placidia son las dos paradas que no puedes recortar, el Baptisterio Neoniano y Sant’Apollinare Nuovo completan el circuito de mosaicos, y la tumba de Dante encaja bien entre medias porque queda cerca. Con eso y un paseo por la Piazza del Popolo se cubre lo esencial. Pero quien pueda quedarse una noche descubrirá que la lista se estira bastante más allá del ticket, y que la ciudad funciona también cuando no estás dentro de un monumento.

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