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Que ver en Leipzig: Descubre el encanto de esta increíble ciudad

Por Cynthia Becerra Actualizado el 16 min de lectura

Entre Dresde y Leipzig hay una hora de tren, y casi todo el que planea un viaje por Sajonia acaba dudando a cuál de las dos darle más días. Dresde tiene la fama del barroco y de las vistas sobre el Elba. Leipzig es menos monumental, pero tiene a Bach, unos pasajes comerciales preciosos y un barrio entero de fábricas convertidas en galerías. En esta guía te cuento qué ver en Leipzig zona por zona, con lo que más me gustó y lo que puedes dejar fuera si vas con poco tiempo.

El casco antiguo es pequeño y se cruza andando sin esfuerzo, así que casi todo lo del centro cabe en un mismo día. Lo que más tiempo pide está fuera, como el Monumento a la Batalla de las Naciones, la antigua fábrica de algodón convertida en galerías o el zoo, y para eso tendrás que coger el tranvía. Yo le dedicaría dos días, y tres si quieres ver el oeste y el sureste con calma. Ten en cuenta que la guerra dejó huella, y al lado de fachadas renacentistas y barrocas verás bloques de la época de la RDA y edificios muy modernos. Si buscas qué hacer en Leipzig más allá de los monumentos, la música es lo que une toda la visita, desde el coro de Santo Tomás hasta los conciertos de la Gewandhaus.

En este artículo 8 secciones

De la estación a la plaza del Mercado

Si llegas en tren, el recorrido sale solo. De la estación a la plaza del Mercado hay un paseo corto por el norte del centro, con un museo a mitad de camino.

Estación Central

Antes de salir corriendo hacia el centro, mira bien la Estación Central (Hauptbahnhof). Es una de las estaciones terminales más grandes de Europa, con una fachada de principios del siglo XX y unos vestíbulos enormes. Debajo hay tres plantas con más de 140 tiendas, así que también es buen sitio para comprar lo que se te haya olvidado. Para dar una vuelta y ver los vestíbulos te basta un cuarto de hora.

Museo de Bellas Artes

Bajando hacia Katharinenstraße aparece un cubo de cristal de 36 metros en medio de las casas antiguas. Es el Museo de Bellas Artes (Museum der bildenden Künste), y el edificio ya resulta curioso por fuera.

Dentro me pareció muy recomendable si disfrutas de la pintura alemana. Hay obras de Caspar David Friedrich y de Max Klinger, y la colección llega desde el siglo XV hasta hoy. Si no eres de museos, con verlo por fuera tienes suficiente. Si te gusta la pintura, resérvale un par de horas.

Plaza del Mercado y Antiguo Ayuntamiento

La plaza del Mercado (Markt) lleva siglos siendo el corazón de Leipzig, y me pareció preciosa. Un lado entero lo ocupa el Antiguo Ayuntamiento (Altes Rathaus), de 1556, uno de los grandes edificios renacentistas de Alemania. Su fachada es la que más me gustó del centro, con los soportales en la planta baja y una torre desplazada hacia un lado, algo que no se ve a menudo.

El mejor plan aquí es sentarte en una terraza y tomarte algo mirándolo. Dentro está el Museo de Historia de la Ciudad, que cuenta Leipzig desde la Edad Media hasta hoy y tiene una maqueta de la ciudad del siglo XIX. El primer miércoles de cada mes la entrada es gratis.

Justo al lado está la Alte Waage, la antigua báscula de 1555 donde se pesaban las mercancías, con un reloj de sol en la fachada. Y si viajas en Navidad, en esta plaza se monta uno de los mercados navideños más grandes de Alemania, con una tradición que viene de 1458.

La Antigua Bolsa y la estatua de Goethe

Detrás del ayuntamiento hay una plaza más pequeña y tranquila, el Naschmarkt. La preside la Antigua Bolsa (Alte Handelsbörse), un edificio barroco blanco del siglo XVII con escalera doble y detalles dorados que me pareció muy bonito. Hoy se usa para conciertos y actos culturales. Delante está la estatua de Goethe joven, que estudió Derecho en Leipzig, y con la Bolsa detrás sale una foto muy buena. Se ve en diez minutos, y es fácil pasarlo por alto cuando decides qué ver en Leipzig con prisa.

Alrededor de la iglesia de Santo Tomás

Al sur y al oeste de la plaza del Mercado se concentra casi todo lo relacionado con Bach, y también la parte del centro con más bares.

Iglesia de Santo Tomás

Si tuviera que recortar la lista de qué ver en Leipzig a un solo sitio, me quedaría con la Iglesia de Santo Tomás (Thomaskirche). Bach trabajó aquí como cantor desde 1723 hasta su muerte en 1750, y su tumba está dentro, en el coro. Eso ya justifica la visita aunque no seas de música clásica.

La iglesia es gótica, con una torre de 68 metros que se ve desde buena parte del centro. Dentro me fijaría en las vidrieras, que representan entre otros a Lutero y al propio Bach. Fuera, en la plaza, tienes su estatua, que es la foto que se hace todo el mundo. Curiosamente, también Wagner fue bautizado en esta iglesia.

Si puedes, cuadra la visita con un motete del coro de Santo Tomás (Thomanerchor), uno de los coros infantiles más antiguos del mundo, que suele cantar los viernes por la tarde y los sábados.

Museo Bach

Lo más práctico es cruzar la plaza nada más salir de la iglesia. Enfrente, en una casa barroca de comerciantes llamada Bosehaus, está el Museo Bach (Bach-Museum). Me pareció muy recomendable para entender quién era Bach más allá de su música. Tiene manuscritos, instrumentos y puestos para escuchar sus obras, y las salas unen su vida familiar con su trabajo en la ciudad.

Nuevo Ayuntamiento

A pocos minutos al sur, en la Burgplatz, está el Nuevo Ayuntamiento (Neues Rathaus), construido a principios del siglo XX donde antes hubo un castillo. Es enorme y la fachada es muy bonita, con una torre central altísima que se reconoce desde lejos. Da la vuelta al edificio, porque la cara que da al Martin Luther Ring también es preciosa. Por fuera se ve en un rato.

¿Merece la pena el Museo de la Stasi?

Sí, y la entrada es gratis. El Museo de la Stasi (Museum in der Runden Ecke) ocupa la llamada Esquina Redonda, en la calle Dittrichring, que fue la sede de la policía secreta de Alemania Oriental en la ciudad. Las salas conservan el aspecto de oficina de la época, y eso impresiona más que cualquier panel.

Con la audioguía de la exposición calcula alrededor de una hora. Es la mejor forma de entender por qué fue tan importante lo que pasó en Leipzig en 1989.

Un café con tres siglos de historia

Mi elección para tomar un café es el Zum Arabischen Coffe Baum, a un paso de la plaza del Mercado. Lo reconocerás por el letrero de la puerta, que se mantiene desde principios del siglo XVIII y muestra a Oriente regalando el café a Occidente. Me parece curioso y merece la pena aunque solo sea para tomarte algo. Dentro hay también un pequeño museo dedicado al café.

La zona de bares del casco antiguo

Si te preguntas qué hacer en Leipzig por la noche, acércate a la calle Barfußgäßchen. Es el centro de la Drallewatsch, la zona de bares y tabernas del casco antiguo, a cinco minutos andando del ayuntamiento y de Santo Tomás. Las calles son peatonales, así que es muy cómodo ir de un bar a otro. Yo pediría una gose, la cerveza típica de Leipzig, o una schwarzbier, que es la cerveza negra.

Entre los pasajes y la plaza de Augusto

Leipzig fue durante siglos una ciudad de ferias y comercio, y se nota en los pasajes cubiertos que atraviesan las manzanas del centro. Esta parte del casco antiguo va desde la Grimmaische Straße, la calle peatonal de tiendas, hasta la gran plaza del este.

El pasaje Mädler y la bodega de Fausto

Me encantó el pasaje Mädler (Mädler-Passage), y para mí es la galería comercial más bonita de la ciudad. Se construyó entre 1912 y 1914, mide unos 140 metros y tiene techo de cristal, una rotonda central, esculturas y escaparates clásicos. Las tiendas son de lujo, pero pasearlo no cuesta nada.

En el sótano está Auerbachs Keller, una bodega del siglo XVI. Goethe venía aquí de estudiante, y la convirtió en el escenario donde Fausto se encuentra con Mefistófeles. Hoy es un restaurante de cocina sajona, con salas dedicadas a Goethe y a Lutero. Si quieres comer allí, reserva con antelación.

Las esculturas de bronce junto a la entrada de la bodega son la foto típica del pasaje.

Otros pasajes del centro

El pasaje Mädler tiene competencia cerca. El Specks Hof tiene tres patios cubiertos con techos de cristal y medallones de cerámica, y es de los más elegantes para pasear un rato. El Barthels Hof da a la plaza del Mercado y tiene terrazas para tomar algo. A unos pasos está la Riquethaus, de 1908, con una fachada modernista decorada con cabezas de elefante de cobre. Me pareció muy curiosa, y en la planta baja hay un café.

Iglesia de San Nicolás

La sorpresa de la Iglesia de San Nicolás (Nikolaikirche) llega al entrar. Es la iglesia más antigua de Leipzig, del siglo XII, y por fuera mezcla los estilos de todas las reformas que ha tenido. Pero el interior clasicista es espectacular, muy luminoso y con unas columnas blancas que terminan en hojas de palmera.

Aquí la historia también pesa. En 1989, las oraciones por la paz de los lunes en esta iglesia dieron paso a las manifestaciones que acabaron con el régimen de la RDA. En la plaza de delante hay un monumento a aquella Revolución Pacífica. Al lado está la Antigua Escuela de San Nicolás, de 1490, donde estudiaron Leibniz y Wagner.

Merece mucho la pena entrar, aunque sea diez minutos.

Plaza de Augusto

La plaza de Augusto (Augustusplatz) es una de las plazas más grandes de Europa y la parte más moderna del centro. La reformaron tras los daños de la Segunda Guerra Mundial, y a su alrededor están la Ópera (Oper Leipzig), de 1960, la sala de conciertos Gewandhaus, de 1981, y el edificio contemporáneo de la universidad. En medio está la fuente Mendebrunnen.

No es la plaza más bonita de la ciudad, pero aquí está lo mejor para la noche. Un concierto de la orquesta de la Gewandhaus, en una sala para unas 1.900 personas, es de lo que más recomiendo cuando alguien me pregunta qué ver en Leipzig. Aunque no vayas al concierto, entra a ver la enorme pintura del techo del vestíbulo.

Mirador de la Torre Panorama

El edificio más alto de la plaza es la Torre Panorama (City-Hochhaus), un rascacielos de 142,5 metros con mirador y restaurante arriba. Desde allí se ve todo el casco antiguo, la plaza de Augusto y los tejados de alrededor, y son las mejores vistas que vas a tener sin salir del centro. Yo subiría a última hora de la tarde, para ver cómo cambia la ciudad con la luz. Si prefieres cenar con vistas, reserva mesa en el restaurante.

Museo Grassi

Al este de la plaza de Augusto, en Johannisplatz, el Museo Grassi reúne en realidad tres museos, uno de etnología, otro de artes aplicadas y otro de instrumentos musicales. El edificio art déco, con sus patios y sus salas, tiene detalles muy bonitos. Me pareció interesante, pero verlo entero lleva mucho tiempo, así que elige el que más te llame. Si el viaje va de música, el de instrumentos es el más lógico.

Casa de Mendelssohn y la ruta musical

A unos diez minutos andando del Grassi está la Casa de Mendelssohn (Mendelssohn-Haus), la única vivienda que se conserva donde vivió y trabajó el compositor. El piso de la primera planta tiene muebles de época, cartas y manuscritos, y en el salón de música todavía se dan conciertos de cámara. Me pareció bonita, sobre todo si te interesa la música.

La casa es una de las 23 paradas de la ruta musical de la ciudad (Leipziger Notenspur), un recorrido por libre por los lugares de los compositores que vivieron en Leipzig. Cada parada tiene audioguía en alemán y en inglés, y la ruta completa lleva entre 2 y 3 horas. Para quien sigue a Bach, Mendelssohn o Wagner, es de las mejores respuestas a qué hacer en Leipzig.

Plagwitz y el oeste de la ciudad

Al oeste del centro, Leipzig cambia por completo. Las antiguas fábricas de ladrillo junto a los canales se han llenado de estudios, galerías y cafés, y el ambiente es más tranquilo y alternativo. Es la zona que más compensa si te queda medio día libre.

Parque Clara Zetkin

De camino hacia el oeste, a unos 2 km del centro, está el Parque Clara Zetkin (Clara-Zetkin-Park), la mayor zona verde de la ciudad. Es bonito para pasear, ir en bici o descansar entre visitas. Si buscas algo más tranquilo, el jardín de las palmeras (Palmengarten), una de sus partes históricas, tiene un estanque con fuente y bastante menos gente.

Paseo por el canal de Karl Heine

Plagwitz me pareció muy recomendable para ver otra cara de la ciudad. Es un barrio de viejas fábricas y almacenes convertidos en lofts, cafés y restaurantes de cocina internacional, y lo mejor es recorrerlo siguiendo el canal de Karl Heine (Karl-Heine-Kanal). Son 3,3 km de agua con 15 puentes, edificios industriales en las orillas y caminos tranquilos para andar.

Si buscas qué hacer en Leipzig un día de buen tiempo, en el puerto urbano (Stadthafen) salen excursiones en barco por los canales, algunas de algo más de una hora.

Galerías de la antigua hilandería

Aunque no seas de arte, la antigua hilandería de algodón (Leipziger Baumwollspinnerei) es muy recomendable. Fue una de las mayores de Europa continental hasta que cerró en 1992, y hoy sus naves de ladrillo acogen unos 100 estudios de artistas, once galerías y talleres de diseño. Para mí es lo que más separa la lista de qué ver en Leipzig de la de Dresde.

El acceso al recinto es gratuito y las galerías se visitan por libre. Algunos viernes y sábados hay visitas guiadas de alrededor de una hora, y es la mejor forma de entender cómo se transformó la fábrica.

Al norte del centro

Al norte del centro el plan cambia de museos a animales y jardines. Las dos visitas quedan cerca y se pueden juntar en una mañana larga.

Zoo de Leipzig

Con niños, el zoo es la mejor respuesta a qué hacer en Leipzig. Abrió en 1878 y es uno de los zoológicos más modernos de Europa, con recintos amplios que imitan los hábitats naturales y se recorren por mundos temáticos, como Asia o África.

Lo que más destaca es Gondwanaland, un gran pabellón tropical con selva, pasarelas elevadas y un paseo en barca por un río. Dale al menos media jornada. Si te quedan ganas de verde, al lado está el parque Rosental, desde donde se ve parte de la sabana africana del zoo.

Palacio de Gohlis

Pequeño pero muy bonito, el Palacio de Gohlis (Gohliser Schlösschen) es un palacio rococó de 1756 que un comerciante de la ciudad mandó construir como residencia de campo. La fachada amarilla, con tejado rojo y torre central, queda muy bien desde el jardín, que tiene fuente y estatuas. Dentro, lo mejor es el salón de baile con el techo pintado. Hay visitas guiadas de alrededor de una hora y otra musical, con clave y piano en directo.

El sureste de la ciudad

En el sureste, a unos 4 km del centro, se concentra la memoria de la batalla de 1813 contra Napoleón. Se llega en tranvía, y la parada se llama igual que el monumento.

Monumento a la Batalla de las Naciones

Impresionante. El Monumento a la Batalla de las Naciones (Völkerschlachtdenkmal) es una mole de piedra de 91 metros que se inauguró en 1913, cien años después de que Prusia, Rusia, Austria y Suecia derrotaran a Napoleón aquí. Fue una de las batallas más sangrientas de Europa, y en cualquier lista de qué ver en Leipzig es lo que más impone.

Dentro tienes una cripta y una sala con estatuas gigantescas, y en la base el museo FORUM 1813, con armas y uniformes dela batalla. Pero lo que más compensa es subir. Una parte se hace en ascensor, aunque te tocará subir bastantes escalones de piedra, y arriba las vistas de toda la ciudad son espectaculares.

Antes de irte, ponte al otro lado del estanque para hacer la foto del monumento reflejado en el agua.

Iglesia ortodoxa rusa

A unos 15 minutos andando del monumento aparece una iglesia que no se parece a nada del resto de Leipzig. La iglesia rusa (Russische Gedächtniskirche) es ortodoxa, blanca, con una torre alta y una cúpula bulbosa dorada. Se consagró en 1913 en recuerdo de los soldados rusos que murieron en la batalla. Me pareció muy curiosa y muy fotogénica. Sigue siendo un lugar de culto, así que entra con respeto.

Panometer, el antiguo gasómetro

Muy cerca de la iglesia rusa, un antiguo gasómetro se ha convertido en el Panometer. Dentro hay una única obra gigante de 360 grados que se contempla desde el centro de la sala, y que cambia cada cierto tiempo. Me pareció interesante como algo distinto a un museo clásico, y encaja en la misma mañana que el monumento.

Escapadas desde Leipzig

Leipzig está muy bien comunicada en tren, y con un día libre tienes varias opciones cerca.

Lagos para bañarse

Alrededor de la ciudad hay varios lagos creados en antiguas zonas mineras, y en verano son el plan para bañarse. El Kulkwitzer See, a poca distancia, tiene playas y un agua de buena calidad para nadar. Si viajas en los meses de calor y no sabes qué hacer en Leipzig un día que necesitas descansar de visitas, es una buena opción.

Halle

Cuando ya tengas visto lo principal de qué ver en Leipzig, la escapada más rápida es Halle, a entre 25 y 40 minutos de tren. Es la ciudad de Händel, y me parece interesante sobre todo si el viaje va de música, porque se puede visitar su casa. Lo más bonito es la plaza del mercado, con la Marktkirche y la Torre Roja, y el centro se ve en una mañana.

Dresde

Con Dresde vuelvo a la duda del principio. Está a una hora en tren y es muy recomendable, con el Zwinger, la Frauenkirche, la Semperoper y el Palacio Real en un casco antiguo que se recorre a pie. Pero tiene tantos museos que en un día solo verás lo básico. Si tienes tiempo, yo le daría sus propios días en vez de meterla como excursión.

Weimar

Weimar queda a una hora de tren y encaja si te interesan Goethe, Schiller o la Bauhaus. Lo más visitado son la casa de Goethe, la de Schiller, la biblioteca de la duquesa Anna Amalia y el parque junto al río Ilm. Me parece una excursión interesante, aunque conviene reservar antes las entradas de los museos principales porque algunos tienen el acceso limitado.

Qué ver en Leipzig según los días que tengas

Con un solo día me quedaría en el centro. Empezaría por Santo Tomás, entraría en San Nicolás para ver sus columnas y acabaría la tarde paseando por el pasaje Mädler. Con dos días, el segundo lo dedicaría por la mañana al Monumento a la Batalla de las Naciones, y por la tarde volvería al centro para los museos que se quedaron fuera.

El tercer día es para el oeste de los canales y las galerías, o para el zoo si viajas con niños. Con eso tienes lo principal de qué ver en Leipzig, y a partir del cuarto día ya puedes plantearte una escapada en tren.