Cada vez que paso unos días en Peñíscola sigo el mismo orden. El primer día subo al castillo del Papa Luna y bajo callejeando por el casco antiguo hasta el puerto, y a partir del segundo ya estoy mirando el mapa con las llaves del coche en la mano. Peñíscola funciona muy bien como base porque los pueblos bonitos cerca de Peñíscola salen tanto por la costa como tierra adentro, y casi todos quedan a menos de una hora.
El casco antiguo se recorre en un día y en verano, con la Playa Norte a reventar y las terrazas de la avenida Papa Luna sin un hueco, escaparse un rato se agradece. Yo he ordenado estas escapadas por zonas porque es como las planifico. Decido primero hacia dónde tiro y luego cuántos pueblos meto en el día.
Hacia el norte por la costa de la alcachofa y el langostino
Benicarló

Benicarló está tan pegado a Peñíscola que hay un paseo junto al mar que une los dos, y en coche son 12 minutos. Yo vengo por la Casa Bosch, un edificio modernista de 1904 con la fachada forrada de azulejos verde oliva y balcones de hierro forjado, de los pocos ejemplos de modernismo que hay en el Maestrazgo. Después me siento en una terraza de la plaza del Mercat Vell a tomar una tapa y doy la visita por hecha. Es bonito, sin más pretensiones. Si vas en enero, durante la fiesta de la alcachofa, reserva con tiempo porque se llena.
Vinaròs

Siguiendo la costa hacia el norte, Vinaròs queda a unos 20 minutos y es donde voy cuando lo que quiero es comer bien. Entro directo al mercado municipal, un edificio de 1928, y me voy a los puestos del fondo, donde te cocinan al momento el langostino de Vinaròs que acabas de ver en crudo en el mostrador. Es el plan más sencillo de la lista y uno de los que más repito.
Con el estómago lleno subo por la calle Mayor hasta la iglesia arciprestal. De frente parece una fortaleza sobria, y en parte lo fue, porque protegía a la gente de los ataques piratas. Hay que rodearla. En los muros oeste y norte aparecen unas pinturas fingidas del siglo XVIII que simulan volúmenes que no existen, y me parecieron de lo más curioso de esta costa.
Para mí es uno de los pueblos bonitos cerca de Peñíscola que mejor combina mesa y paseo, y lo recomiendo mucho.
Al sur, al otro lado de la Sierra de Irta
Entre Peñíscola y estos dos está la Sierra de Irta, y como Alcocéber pertenece al municipio de Alcalá de Chivert, yo los hago casi siempre en la misma salida.
Alcalá de Xivert

El campanario de la iglesia de San Juan Bautista mide 68 metros y es de los más altos de la Comunidad Valenciana, así que lo tienes localizado antes de aparcar. Llego en unos 20 minutos, prácticamente lo mismo que a Vinaròs pero en dirección contraria. Subo a la torre por las vistas y luego bajo a la plaza de la iglesia, donde el ayuntamiento y las casas con fachada de piedra y balcones me gustaron mucho para callejear un rato.
Al castillo de Xivert, de origen musulmán y del siglo XI, se puede subir andando por un sendero algo exigente, pero yo prefiero el coche. Solo quedan muros y torres. Desde arriba se ve la costa mediterránea y buena parte de la sierra, y por eso compensa el desvío.
Alcocéber

Alcocéber, a unos 35 minutos, es la opción de playa de esta lista y la trato como tal. Desde la zona del faro hasta el final del parque natural se suceden calas vírgenes de arena fina como Cala Mundina o Cala Blanca, a las que se baja por caminos sin asfaltar. Antes de bañarme subo a la ermita de Santa Lucía, a 312 metros, porque desde ahí tienes toda la comarca delante. Como pueblo es interesante, pero aquí vengo por la costa, así que no pierdo tiempo callejeando.
Cruzando el Sénia hacia las Terres de l’Ebre
Ulldecona

Ulldecona ya está en Cataluña, al otro lado del río Sénia, que Jaime I fijó como frontera con el Reino de Valencia. Son 31 minutos de coche y voy directo a la plaza de la iglesia de Sant Lluc, porticada y de las más bonitas de las Terres de l’Ebre, a tomarme algo bajo los arcos. La iglesia es gótica y de ella arranca la villa actual.
La razón de peso está fuera del pueblo, en la sierra de Godall. Junto a la ermita de la Piedad están las pinturas rupestres, Patrimonio Mundial de la UNESCO y con más de 9.000 años, con escenas de caza pintadas en la roca. Yo las dejo para la tarde y luego me quedo un rato a la sombra de los pinos de la ermita.
La Ràpita

La Ràpita está a 38 minutos y tiene más de mar que de casco antiguo. Lo que me trae es la lonja. Por la tarde entran los barcos y hay una zona preparada para que los visitantes vean la subasta a la baja sin estorbar, con un pequeño mirador detrás desde el que se ve todo el puerto. Si se me hace tarde, sigo hasta la barra del Trabucador, en el delta del Ebro, a ver la puesta de sol. Me pareció un plan muy recomendable y bastante distinto al resto.
Tortosa

Tortosa es la ciudad más grande entre estos pueblos bonitos cerca de Peñíscola y la que más tiempo me pide. Son unos 51 minutos, curiosamente menos que a Villafamés aunque haya más kilómetros, y siempre empiezo arriba, en el castillo de la Zuda. Hoy es parador, y desde su muralla tienes el casco histórico con la catedral en primer plano y el macizo de Els Ports al fondo.
Después bajo a los Reales Colegios, que para mí son lo mejor de la ciudad. El patio del Colegio de Santiago y San Matías es el único patio renacentista de Cataluña, con las parejas reales de Aragón esculpidas en piedra, y me quedé un buen rato fijándome en los detalles. Es una pasada.
Como el modernismo me puede, antes de irme paso por la Casa Grego de Pau Monguió, en la plaza de la Cinta, al lado de la catedral.
Tierra adentro, hacia el Castellón de interior
Sant Mateu

Sant Mateu, o San Mateo, está a 35 minutos y es el que más me ha sorprendido de toda la zona. Fue la capital histórica del Maestrazgo y tiene un vínculo directo con Peñíscola, porque aquí renunció al papado en 1429 Clemente VIII, el sucesor del Papa Luna. Aparco en la avenida de la Constitución, a las afueras del casco, porque las calles del centro son estrechas.
Lo mejor es la Plaza Mayor, porticada, del siglo XIII y con la fuente del Ángel en un extremo. Me siento en una terraza a tomar una cerveza mirando las fachadas estrechas de colores mientras asoma la torre de la iglesia arciprestal, gótica y visiblemente inacabada. Luego subo por la calle Historiador Betí, donde están el Palau Borrull y el palacio de la Cort Nova, dos palacios góticos muy bien conservados. Imprescindible.
Villafamés

Villafamés queda hacia el sur, a 53 minutos, y es el que peor encaja con los demás porque va en otra dirección. Aun así, merece la pena el viaje. Dejo el coche en el aparcamiento de tierra de la entrada, que ya tiene vistas al casco, y subo por la calle de la Font hasta la Roca Grossa, un bloque de piedra rojiza apoyado en plena pendiente que da la sensación de que se va a caer. Es la foto que hace todo el mundo.
Arriba del todo está el castillo, con una torre circular que se añadió durante las guerras carlistas. Las calles que suben son estrechas, empinadas y de trazado árabe, así que conviene calzado cómodo. Yo me asomo a sus murallas porque desde ahí se ve el pueblo entero y la Plana de l’Arc.
Morella

Morella es el más lejano, a 1 h 8 min, y el que más me gusta de todos los pueblos bonitos cerca de Peñíscola. Si llegas por la N-232, para en el área de descanso de la gasolinera que hay a la entrada. Desde ahí ves la muralla rodeando las casas escalonadas en la ladera, con el castillo encima de la roca, y es la imagen que mejor resume el viaje.
Dentro del recinto amurallado no pueden circular coches, así que aparco en la Alameda y subo andando por la calle Blasco de Alagón, con soportales medievales y tiendas de embutido y queso donde acabo comprando flaons, un dulce de requesón y almendra. Están muy buenos.
El castillo está a 1.070 metros y la subida cansa, pero desde arriba se ven los tejados rojizos de todo el pueblo y compensa con creces. Yo le dedico un par de horas para verlo entero.
Si tengo que juntar dos en el mismo día
Mi combinación favorita es Sant Mateu por la mañana y Morella por la tarde. Son los dos que más me gustan del interior, comes en uno de ellos y vuelves a Peñíscola a la hora de cenar. Si solo tienes media mañana, tira por la costa y junta Benicarló con Vinaròs, que están a un paso.
De todos los pueblos bonitos cerca de Peñíscola, esa pareja de interior es la que recomendaría a cualquiera que tenga un día libre y el coche a mano.