Pueblos bonitos cerca de Carcassonne
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Pueblos bonitos cerca de Carcassonne: Conoce sus alrededores

Por Cynthia Becerra Actualizado el 10 min de lectura

Si llegas a Carcassonne por la autopista, para en el área del Belvédère d’Auriac antes de entrar. Desde allí se ve La Cité entera sobre su colina, con las murallas y las torres recortadas contra el cielo. Es impresionante, y entiendes enseguida por qué tanta gente viene hasta aquí. Yo la uso como base para escaparme a los pueblos bonitos cerca de Carcassonne, porque en menos de una hora de coche tienes gargantas, ríos para bañarse, viñedos y el Mediterráneo.

Carcassonne tiene dos caras y merece las dos. Arriba está La Cité, la ciudadela medieval de doble muralla y 52 torres declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, que impresiona más cuanto más la recorres por el pasillo que queda entre los dos recintos. Abajo, al otro lado del río Aude, la Bastide Saint-Louis es la ciudad donde vive la gente, con sus plazas, sus terrazas y el Canal du Midi pasando junto a la estación. Yo subo a La Cité a última hora de la tarde, cuando se vacía y la piedra se pone dorada, y luego bajo a cenar a la Bastide.

Lo que hay alrededor es la otra razón para quedarse varios días. Esto es el País Cátaro (Pays Cathare), con castillos y pueblos que vivieron de cerca la cruzada contra los cátaros, y también tierra de vino, con las viñas de Corbières, Minervois y Cabardès a pocos kilómetros de la ciudad. El Canal du Midi cruza la zona de oeste a este y une varias de estas escapadas. Y hay un motivo práctico, porque La Cité recibe unos dos millones de visitantes al año y a media mañana se llena tanto que prefiero pasar esas horas en la carretera.

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A orillas del Canal du Midi

Trèbes

A 12 minutos en coche desde Carcassonne (8,7 km).

De todos los pueblos bonitos cerca de Carcassonne, Trèbes es el que tengo más a mano, justo al este de la ciudad, y aquí lo bonito es el canal, lleno de barcos amarrados de quienes lo recorren navegando. Paseo por el camino de sirga hasta la escalera de esclusas de la salida del pueblo y vuelvo hacia la iglesia de Saint-Étienne, que merece entrar por su techo. Tiene 320 ménsulas de madera pintadas con monjes, soldados, reyes y animales que estuvieron escondidas durante décadas bajo una bóveda de yeso, hasta que esta se vino abajo unas horas antes de una boda. Me parece una historia genial.

Castelnaudary

A 32 minutos en coche desde Carcassonne (42 km), o unos 20 minutos en tren directo desde la estación.

En dirección contraria, hacia Toulouse, Castelnaudary es más ciudad que pueblo, pero tiene uno de los rincones más bonitos de todo el canal. El Grand Bassin es un estanque de siete hectáreas, casi tan grande como La Cité dentro de sus murallas, con las casas de ladrillo y la colegiata de Saint-Michel reflejándose en el agua. Lo rodeo andando sin prisa, paso junto a la isla de la Cybèle, y en los días claros se ven los Pirineos al fondo.

Luego toca comer, y aquí solo hay una opción sensata. Castelnaudary presume de ser la capital mundial del cassoulet, un guiso de alubias blancas con confit de pato, salchicha y cerdo que se hace despacio en cazuela de barro (cassole), así que reservo mesa en el centro y no hago planes para la tarde. Si vas en agosto coincidirás con la Fête du Cassoulet, tres días de fiesta alrededor del plato. Si prefieres el Grand Bassin tranquilo, yo iría en primavera o a principios de otoño, cuando el tiempo acompaña y no hay tanta gente.

Hacia la Montagne Noire

Montolieu

A 21 minutos en coche desde Carcassonne (17 km).

Montolieu queda muy cerca, hacia el noroeste entre viñas, y es el pueblo de la lista que más me gusta por su historia. Se estaba quedando vacío, con las fábricas cerradas y la viña en crisis, hasta que un encuadernador de Carcassonne tuvo la idea de convertirlo en un pueblo del libro (village du livre). Funcionó. Hoy tiene unas quince librerías para unos 800 habitantes, y entrar en una tras otra, de los libros antiguos a los cómics, charlando con libreros que conocen cada estante, es la mejor forma de pasar la mañana.

Lo que sorprende es el sitio, encaramado sobre las gargantas del Dure y el Alzeau, con las casas de piedra asomadas al barranco. Subo a la capilla de Saint-Roch, una cuesta corta que merece cada paso, porque desde arriba la vista del pueblo con la Montagne Noire detrás es genial. Para comer me quedo en la antigua Manufactura Real (Manufacture royale), una vieja fábrica de paños que hoy tiene hotel y restaurante. Un aviso: fuera de temporada muchas librerías cierran algunos días, así que conviene mirarlo antes de ir.

Mazamet

A 46 minutos en coche desde Carcassonne (47 km).

Mazamet ya está en el Tarn, al otro lado de la Montagne Noire, y la carretera que cruza sus bosques ya merece la pena por sí sola. Vivió de la lana y todavía quedan casas señoriales de aquella época, pero yo vengo por otra cosa. Desde el aparcamiento subo andando por el bosque, entre quince y treinta minutos según el sendero, hasta la pasarela colgante (passerelle himalayenne) que cruza las gargantas del Arnette, con 140 metros de largo a 70 de altura. Se mueve bastante cuando pasa más gente, y a mitad de camino casi todo el mundo se para a mirar abajo. Cruzarla es una pasada.

Al otro lado espera Hautpoul, un pueblecito de piedra pegado a su roca a más de 300 metros sobre el valle, que es de donde bajaron los primeros vecinos de Mazamet. Callejeo por sus cuestas hasta arriba para ver la pasarela desde lejos, que es de las fotos que más me gustan entre todos los pueblos bonitos cerca de Carcassonne, y antes de irme compro un poumpet, el dulce de limón de la zona.

Si voy con niños, esta es la escapada que elijo, y la Maison du Bois et du Jouet, al pie de Hautpoul, remata el día. Y si puedo elegir fecha, voy en otoño, cuando los hayedos de la Montagne Noire se ponen rojizos y en la pasarela hay mucha menos gente que en verano.

Entre las Corbières, el Minervois y el Mediterráneo

Lagrasse

A 43 minutos en coche desde Carcassonne (37 km).

Lagrasse es el único pueblo del Aude entre los Plus Beaux Villages de France, y para mí el más bonito de la lista. Está a medio camino de Narbonne, y la carretera ya forma parte de la visita, porque las viñas van dejando paso a las primeras colinas de las Corbières y sigues el Orbieu hasta que, en una curva, aparece el pueblo abajo en el valle. El coche se queda en los aparcamientos de la entrada, obligatorios y de pago durante el día, y a partir de ahí todo se hace andando.

Lo primero que busco es la foto del Puente Viejo (Pont Vieux) con la abadía de Sainte-Marie al otro lado del río, y la saco desde el puente nuevo, que es donde mejor se ve. Es una de esas imágenes que te quedas mirando un buen rato. La abadía tiene una curiosidad, porque está partida en dos y en una mitad todavía vive una comunidad de canónigos. Después me pierdo por las calles de piedra, entre casas con entramado de madera y talleres de cerámica, cuero o vidrieras, hasta la plaza porticada del mercado cubierto medieval, y me siento en una terraza a mirarla con calma.

Si puedes, ve un sábado por la mañana, que hay mercado bajo la halle, y en verano lleva bañador, porque se puede uno bañar en el Orbieu justo frente a la abadía. En la oficina de turismo de Occitanie recomiendan la primavera y el otoño, cuando el valle está verde y el calor no aprieta, y yo les haría caso.

Narbonne

A 48 minutos en coche desde Carcassonne (62 km), o unos 30 minutos en tren directo desde la estación.

Narbonne es la única de la lista con el Mediterráneo al lado, y fue la primera colonia romana fuera de Italia. Lo compruebas nada más llegar a la plaza del Ayuntamiento (Place de l’Hôtel de Ville), donde queda al descubierto un tramo de la Via Domitia, la calzada que unía Italia con Hispania. Desde ahí bajo al canal de la Robine, que los narbonenses llaman «les barques», para cruzar el puente de los Mercaderes (Pont des Marchands), uno de los pocos puentes de Francia con casas encima.

A dos pasos está el mercado cubierto (Les Halles), un edificio modernista precioso con unos sesenta puestos de producto de la zona. Yo como allí mismo, unas ostras de los estanques cercanos o carne a la brasa en Chez Bébelle, y salgo con un bote de aceitunas lucques, a las que aquí llaman el diamante verde. Es más ciudad que pueblo, igual que Castelnaudary, pero esa comida ya justifica el viaje. Yo iría en septiembre, cuando el mar todavía está agradable y el verano ya ha pasado.

Minerve

A 55 minutos en coche desde Carcassonne (44 km).

Minerve es la más lejana, ya en el Hérault, y aun así está entre los pueblos bonitos cerca de Carcassonne que más compensan. Yo evito la autopista y voy por la D610 y la D10, que cruzan el Minervois entre viñas. La llegada es una pasada, con el pueblo encima de un espolón de roca justo donde se juntan las gargantas del Cesse y el Brian. El aparcamiento queda al otro lado del barranco, así que cruzo a pie por el puente viaducto, que es desde donde sale la mejor foto del pueblo.

Detrás de esa postal hay una historia dura. Durante la cruzada contra los cátaros, Minerve fue sitiada y tras la rendición unos 140 cátaros acabaron en la hoguera. Junto al pueblo hay una réplica de la Malvoisine, la enorme catapulta con la que lo bombardearon, y me paro a verla antes de bajar al río.

Abajo, cuando el cauce va seco, se camina por debajo del Gran Puente Natural (Grand Pont naturel), un túnel enorme que el agua ha excavado en la roca. Pasar por ahí es increíble. Después vuelvo a subir al pueblo y me siento en una terraza con una copa de vino del Minervois, que toma el nombre de este pueblo, a la sombra de las glicinas. Si te apetece caminar por los senderos de alrededor, yo iría en primavera, que es cuando la garriga está más verde y florida.

Tres rutas de un día desde Carcassonne

Con tres o cuatro días bien aprovechados ves todos estos pueblos bonitos cerca de Carcassonne, y así es como yo los juntaría para no hacer más kilómetros de la cuenta.

Montolieu y Mazamet, la ruta de montaña

Salgo temprano hacia Montolieu para pasar la mañana entre librerías, como en la antigua Manufactura Real, y sigo por la montaña hasta Mazamet, para subir a la pasarela y a Hautpoul con la luz de la tarde. Es la mejor opción si vas con niños. De vuelta, en menos de una hora estoy otra vez en Carcassonne.

Trèbes y Minerve, entre el canal y las viñas

Empiezo con un paseo corto por Trèbes, que queda justo de camino, y sigo hacia el este por las carreteras del Minervois hasta Minerve, donde como, bajo al río y acabo la tarde con una copa de vino en una terraza.

Lagrasse y Narbonne, de las Corbières al mar

Es la que más me gusta. Lagrasse por la mañana, temprano para pillar el mercado del sábado, y después Narbonne por la carretera que pasa junto a la abadía de Fontfroide, para comer en Les Halles y pasear por el canal de la Robine con la última luz.

Castelnaudary, para ir a comer cassoulet

Castelnaudary la dejo para una mañana tranquila que termine en la mesa, porque el cassoulet pide sobremesa y no conviene meterle prisa. Y por la tarde, de vuelta en Carcassonne, todavía me da tiempo a subir a La Cité cuando ya se ha vaciado.

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