Aparqué en Empuriabrava un sábado a media mañana y lo primero que vi no fue el mar, fue una barca pasando por detrás de una fila de chalets. Venía con la duda de si merece la pena visitar Empuriabrava o si me iba a encontrar una urbanización de veraneo sin más, porque eso es exactamente lo que es sobre el papel. Una marina levantada en los años 60 sobre los antiguos humedales del río Muga.
La primera impresión descoloca un poco. Aquí no hay casco antiguo ni plaza mayor, hay más de 30 kilómetros de canales navegables y casas con el barco amarrado en la puerta, como quien deja el coche. Caminé hasta el canal principal y me quedé un rato mirando el tráfico de barquitas, que en este sitio sustituye al de coches.
Al levantar la vista conté cuatro paracaídas abiertos en el cielo. En Empuriabrava funciona uno de los centros de paracaidismo más conocidos de Europa y los saltos forman parte del paisaje, algo que no esperaba y que le da al lugar un ambiente entre raro y divertido. Decidí empezar por el agua.
Una urbanización que se recorre mejor en barca
Alquilé una barca eléctrica sin licencia en uno de los embarcaderos del canal principal. No hace falta ningún título, te explican el manejo en dos minutos y se conduce con un volante y una palanca para la velocidad. Pagué unos 25 euros y salí a recorrer los canales a ritmo de paseo.
Es la mejor manera de entender el sitio. Desde el agua fui viendo los chalets con su embarcadero privado, jardines con palmeras y algún yate que vale más que la casa. Me despisté en un cruce, pero volví al camino siguiendo el canal ancho y a las demás barcas.
Si te preguntas si merece la pena visitar Empuriabrava, la respuesta se decide en los canales. Son la esencia del pueblo y lo que lo separa de cualquier otra urbanización de la Costa Brava. Devolví la barca con la sensación de haber hecho ya la actividad importante del día.
Después seguí a pie. No todos los canales tienen tramo peatonal, pero hay calles y puentes que permiten ir cambiando de orilla, y algunos puentes son muy bonitos y regalan buenas vistas del agua con las casas detrás. Al atardecer la luz da de lado y las fachadas quedan bien para una foto.
Terminé la tarde en el paseo marítimo, lleno de terrazas y tiendas, y entré en el puerto deportivo a ver las embarcaciones grandes amarradas. Me gustó más de lo que esperaba, hay ambiente sin llegar al agobio y se pasea muy a gusto.
Los lugares más bonitos que vi en Empuriabrava y sus alrededores
A la mañana siguiente fui andando a la playa de Empuriabrava. Es extensa, de arena dorada y tan ancha que cuesta verla llena incluso en pleno verano. Cuando sopla la tramontana se monta el espectáculo del kitesurf y el windsurf, así que me senté un rato solo a mirar las cometas.
El plan que más me gustó fue el Parque Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, a unos 5 kilómetros. Madrugué porque el parking del Cortalet cuesta unos 5 euros y los fines de semana se llena pronto, y fue un acierto. El parque me pareció brutal, uno de esos sitios por los que merece la pena visitar Empuriabrava aunque la playa te dé igual.
Allí viven más de 300 especies de aves y desde los observatorios vi flamencos y cigüeñas sin esfuerzo. Hice parte de los itinerarios señalizados que salen del centro de información, se pueden recorrer andando o en bici y a primera hora apenas me crucé con nadie. Volvería solo por esto.
Me quedé sin pisar la playa de Can Comes, que está dentro del propio parque. Son unos 4 kilómetros de arena virgen entre dunas y lagunas, sin ningún servicio, así que apunté llevar agua y comida para la próxima vez. La dejé pendiente sin mucho drama.
La última tarde cogí el coche hasta Castelló d’Empúries, a unos 10 minutos. Es el pueblo medieval al que pertenece Empuriabrava, muy bonito y de los que se ven con calma en una o dos horas, con la Basílica de Santa María como plato fuerte. Entré a verla y me pareció un templo enorme para el tamaño del pueblo, precioso por dentro.
Desde allí me acerqué a las Ruinas de Empúries, que recomiendo aunque queden algo más apartadas. La entrada vale 6 euros y es el único yacimiento de España donde conviven una ciudad griega y otra romana, las dos frente al mar. Solo por esa mezcla de historia y playa ya merece la pena visitar Empuriabrava como campamento base.
Mi veredicto después de recorrer sus canales
Empuriabrava no es un destino al uso y eso juega a su favor. Volví a casa con la sensación de haber visto algo distinto, una mezcla de barrio flotante, playa grande y naturaleza seria a un paso. Le pongo una sola pega, en pleno agosto el ambiente sube mucho y quien busque silencio lo tendrá más fácil en junio o septiembre.
Para mí, merece la pena visitar Empuriabrava sin necesidad de venderla como lo que no es. Es una urbanización, sí, pero única en Europa, y entre la barca por los canales y el amanecer en los Aiguamolls el viaje compensa de sobra. Me quedó pendiente Can Comes, así que volveré, y la próxima vez con el bañador puesto desde casa.