¿Merece la pena visitar Budapest? Descubre mi opinión más sincera

El autobús 100E sale del aeropuerto y llega hasta el centro de Pest, y fue lo primero que cogí nada más aterrizar. Me bajé, caminé hasta la orilla del Danubio y, con la colina de Buda enfrente, tuve claro bastante pronto que merece la pena visitar Budapest.

La primera impresión es de ciudad grande y monumental, con edificios enormes a los dos lados del río. También es muy turística, y en el centro lo notas enseguida por los grupos con guía y las tiendas de recuerdos en cada esquina. Dejé la maleta y salí a caminar sin plan.

La orilla de Pest y la colina de Buda

Budapest se entiende rápido en cuanto te pones a andar. Pest es la parte llana, con las avenidas y casi todo el ambiente, y Buda es la orilla de la colina, más tranquila y residencial. Si es tu primera vez, te recomiendo mirar bien dónde alojarse en Budapest y buscar algo en Pest, porque desde ahí fui a pie a casi todo.

El primer puente que crucé fue el Puente de las Cadenas, el más antiguo de los que unen las dos orillas, y volví de noche porque con el castillo iluminado al fondo sale una de las mejores fotos de la ciudad.

Esa misma noche acabé en el Szimpla Kert. Los ruin bars son edificios abandonados del antiguo barrio judío que se reconvirtieron en bares con muebles y objetos reciclados, y este fue el pionero. Es curiosísimo por dentro, aunque también es el más turístico, así que después probé otros de la zona. La entrada es gratis y las bebidas, baratas. De día la ciudad parece muy seria, y por eso creo que merece la pena visitar Budapest también de noche.

Del Parlamento al agua caliente de Széchenyi

Al Parlamento fui con la entrada reservada, porque las visitas con guía en español se agotan. La fachada neogótica mide más de 200 metros a lo largo del río y es espectacular, y por dentro merece mucho la pena por la cúpula, donde está expuesta la corona de San Esteban. La entrada es de pago, más barata si eres ciudadano de la UE. Para verlo entero hay que cruzar a Buda.

Al otro lado subí en el funicular, que funciona desde 1870 y ya es curioso por sí solo, hasta el Castillo de Buda. Lo mejor del castillo son las vistas desde los jardines, porque sus museos no me parecen imprescindibles. Seguí andando hasta la Iglesia de Matías, muy bonita por el tejado de cerámica de colores, que me recordó al de San Esteban de Viena. Pegado a ella está el Bastión de los Pescadores, para mí el mejor mirador de la ciudad, con sus siete torres blancas y el Parlamento justo enfrente. Pasear por él es gratis y solo se paga por subir a las torres en temporada alta. Fui al atardecer y me quedé hasta que se encendieron las luces, y si buscas fotos sin gente tendrás que madrugar mucho.

De vuelta en Pest me senté en una terraza de la plaza de San Esteban para ver la fachada neoclásica de la basílica, que me gustó mucho. Luego subí a la cúpula, a 96 metros, con entrada aparte y ascensor para ahorrarte los 364 escalones. Desde arriba tienes la ciudad entera en 360 grados, y ahí terminé de convencerme de que merece la pena visitar Budapest con calma.

El último plan fue el Balneario Széchenyi, un edificio amarillo de 1913 que ya es precioso por fuera. Me metí en las piscinas exteriores, con el agua caliente y el vapor saliendo, y es de esas cosas que asocio solo a esta ciudad. En invierno gana todavía más, así que antes de elegir fechas revisa la mejor época para viajar a Budapest. Fui entre semana porque los fines de semana se llena, y con toalla y chanclas propias.

¿Cuántos días pide Budapest?

Con tres días vi lo esencial sin correr, y con dos habría ido con prisas. Se come bien y barato, y por la noche siempre encontré ambiente en los bares de Pest.

Mi respuesta es que sí, merece la pena visitar Budapest, y mucho. Si tengo que elegir, me quedo con el Bastión de los Pescadores al atardecer, con el Parlamento visto desde Buda y con un baño en Széchenyi.

Deja un comentario