¿Merece la pena visitar Gibraltar? Descubre mi opinión 2026

Dejé el coche aparcado en La Línea de la Concepción y crucé la frontera a pie. De la aduana al centro de Gibraltar no hay más de 25 minutos andando, y el camino te obliga a cruzar la pista del aeropuerto: una carretera que pasa por encima del asfalto donde aterrizan los aviones, con unas barreras que se bajan cuando llega un vuelo. Enseñé el DNI y ya estaba en territorio británico, sin más trámite.

Hacía calor ese día y paré una vez antes de llegar a Main Street para beber agua. La primera impresión es rara: señales en inglés, cabinas rojas, policías con su uniforme y, a la vez, gente hablando español por la calle. Decidí no perder ni un minuto buscando aparcamiento dentro del Peñón, porque ya sabía que los residentes ocupan las zonas blancas, las gratuitas, y dejar el coche en España me quitó ese problema de encima.

Vine con una idea bastante clara y la confirmé al salir: merece la pena visitar Gibraltar, pero como escapada de un fin de semana, no más. Es pequeño, se recorre bien caminando y eso fue parte de lo que me gustó.

Un trozo de Reino Unido al sur de Cádiz

Lo primero que hice fue subir por Main Street, la calle comercial más importante. Entré en un par de tiendas porque Gibraltar es zona libre de impuestos y quería comprobarlo: el alcohol sale más barato que en España, así que compré un par de botellas. La ropa, en cambio, no me pareció ninguna ganga, y eso me hizo dejar de mirar escaparates de moda. Aun así, entrar y salir de comercios con precios distintos a los de casa tiene su punto, y es uno de los motivos por los que creo que merece la pena visitar Gibraltar.

Me crucé con pubs británicos de verdad, con sus nombres y sus cervezas, metidos entre franquicias internacionales. Para subir al Peñón cogí el teleférico, cuya estación inferior está justo al lado del jardín botánico. Arriba me esperaban los macacos, decenas de ellos sueltos por la reserva. Son simpáticos pero traviesos: vi cómo uno le abría la mochila a un turista que se había acercado demasiado, así que guardé el móvil y no saqué comida delante de ellos.

Lo que hace distinto al sitio es esa mezcla. Una colonia británica de poco más de seis kilómetros cuadrados, con monos por las rocas y la costa de África al fondo. Caminé por los miradores de lo alto, donde las vistas alcanzan los dos continentes, y ahí terminé de entender por qué merece la pena visitar Gibraltar al menos una vez.

Sitios por los que merece la pena visitar Gibraltar

En Main Street me detuve frente a dos edificios: el Parlamento de Gibraltar y la Catedral de Santa María Coronada. La fachada de la catedral me gustó mucho, blanca y con un aire entre europeo y norteafricano; le hice varias fotos desde la acera de enfrente. Bajando un poco está el jardín botánico de la Alameda, gratuito y casi vacío de turistas el día que fui. Me senté entre los dragos y fue de lo que más me gustó de todo el viaje.

Arriba, en el Peñón, el Skywalk es el mirador más fotogénico. Está a 340 metros sobre el mar y el suelo es de vidrio; la luz daba de lado y las vistas hacia Marruecos quedaban bien en cámara. La Cueva de San Miguel, por dentro, es preciosa: estalactitas y estalagmitas iluminadas, con un anfiteatro excavado en la propia roca. El Puente Colgante Windsor lo crucé despacio, porque cuelga sobre una garganta y no es para quien tenga vértigo.

De camino abajo entré en los Túneles del Gran Sitio y en los de la Segunda Guerra Mundial, agujeros excavados en la roca durante asedios y guerras distintas, y paré en el Castillo de los Moros, una torre de base cuadrada que queda de la época musulmana.

¿Volvería a Gibraltar?

Volvería, sí, aunque con el mismo plan: un fin de semana y a pie. Lo que me llevo no es una sola cosa, sino la suma de varias: las compras en Main Street, la fachada de la catedral, el rato en el jardín botánico, el vértigo del Skywalk y del Puente Windsor, la Cueva de San Miguel por dentro y los túneles que agujerean el Peñón. Ninguna de ellas, por separado, justifica un viaje largo. Juntas, en un territorio que cabe en un paseo, sí compensan.

No es un destino para quedarse una semana, y tampoco hace falta. Por lo que se ve, por lo que se camina y por lo poco que cuesta cruzar desde España, merece la pena visitar Gibraltar. La pregunta no es tanto si ir, sino qué te llevas de un sitio que consigue ser británico, mediterráneo y africano sin moverte de un peñón.

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