La grúa amarilla de Harland & Wolff se ve desde casi cualquier esquina del centro, y la usé de brújula desde que dejé la maleta en el hotel. Llegaba con la idea de una ciudad gris y algo de eso hay, sobre todo en los barrios que todavía siguen separados por vallas. Aun así, si me preguntas si merece la pena visitar Belfast, te adelanto que sí.
¿Tan gris es el centro alrededor del City Hall?
Lo primero que hice fue plantarme en Donegall Square delante del ayuntamiento, porque en Belfast casi todos los paseos acaban pasando por ahí. La fachada de piedra blanca con la cúpula verde, de unos 53 metros, es muy bonita y queda bien en una foto de frente. Por dentro se visita con guía de forma gratuita, aunque va en inglés y no se puede reservar, así que conviene presentarse unos 20 minutos antes para coger sitio.
Bajando hacia el río me crucé con el Albert Memorial Clock, una torre del reloj gótica que parece un Big Ben en pequeño y que encima está algo inclinada. Curiosa de ver, sin más. Si viajas entre viernes y domingo, desvíate hasta el St George’s Market, un mercado victoriano de ladrillo rojo con techo de cristal donde se come bien y suele haber música en directo. Yo lo dejé para el sábado a mediodía y comí allí.
Empecé por los murales de Falls Road y acabé bajo las grúas del Titanic
Para recorrer Falls Road y Shankill Road cogí un black taxi, aunque están a unos 30 minutos a pie del centro y se pueden hacer por libre. Los conductores vivieron el conflicto y te avisan de que cuentan su versión, cosa que agradecí. En un lado ves murales republicanos y en el otro unionistas, cada bando con sus héroes, y eso impresiona bastante más de lo que esperaba.
Entendí por qué merece la pena visitar Belfast cuando me bajé en el Muro de la Paz de Cupar Way y me puse a leer los mensajes que deja gente de todo el mundo.
El Titanic Belfast lo dejé para la mañana siguiente, con la entrada reservada y a primera hora, porque siempre está lleno. Es imprescindible. El edificio tiene forma de proa y ya por fuera es espectacular, con las grúas Sansón y Goliat de fondo. Dentro recorres camarotes recreados y te subes a un carrito que te pasea por el astillero donde se construyó el barco.
Del Lanyon Building a las pintas de Commercial Court
Para cambiar de aire caminé hacia el sur hasta la Queen’s University. La fachada victoriana del Lanyon Building es muy bonita y recuerda a Hogwarts, y entré a ver el claustro porque el edificio estaba abierto. Poca gente baja hasta aquí, y es una pena si quieres saber si merece la pena visitar Belfast más allá del Titanic y los murales.
Por la noche volví al centro y entré en el Crown Liquor Saloon, uno de los pubs más bonitos que he visto. La madera tallada, las vidrieras, los azulejos y los reservados privados justifican una cerveza aunque no seas mucho de beber. Luego subí al Cathedral Quarter y acabé en Commercial Court, el patio de los paraguas colgados y los grafitis, que queda bien para una foto. La última pinta me la tomé en The Dark Horse, que tiene una de las puertas de Juego de Tronos (la que lleva al baño).
Un fin de semana con la grúa amarilla de Harland & Wolff de fondo
Belfast no enamora a primera vista y hay zonas donde el conflicto todavía se nota, pero tiene dos cosas que no vas a encontrar en otro sitio: el Titanic y los murales. En un fin de semana la recorres a pie tranquilamente. Si tengo que elegir, me quedo con el Titanic Belfast y con los murales de Falls Road, y para tomar algo, con el Crown. Así que sí, merece la pena visitar Belfast, y la última imagen que me llevé fue la misma que la primera, esa grúa amarilla asomando por encima de los tejados.