Agosto es el mes que parte en dos cualquier conversación sobre cuándo visitar la capital escocesa. Quien ha ido te dirá que Edimburgo en agosto no se parece a Edimburgo en ningún otro momento del año, y tiene razón en lo bueno y en lo malo. La ciudad concentra en pocas semanas varios de los festivales culturales más grandes del mundo, con el Fringe y el Festival Internacional a la cabeza, y eso la convierte en un imán para cientos de miles de personas. Las calles se llenan, los hoteles se llenan, los pubs se llenan. La pregunta que te trae aquí es si te compensa meterte en ese jaleo, y la respuesta corta es que depende de una sola cosa, de si vas por los festivales o a pesar de ellos.
Te lo cuento con detalle, con el clima, los precios y lo que yo haría en tu lugar.
¿Merece la pena ir en agosto?
Sí, si los festivales son el motivo del viaje. Viajar a Edimburgo en agosto es la mejor decisión del año para quien busca ambiente, teatro, música y esa sensación de ciudad tomada por el arte que no encontrarás en ningún otro destino europeo. Y es la peor si lo que quieres es pasear tranquilo, encontrar mesa sin esperar o pagar precios razonables por dormir.
Mi condición innegociable cabe en una frase. Reserva el alojamiento con cinco o seis meses de antelación, porque lo bueno y asequible vuela, y asume desde casa que vas a compartir la ciudad con muchísima gente. Si aceptas esas dos reglas, agosto te dará el mejor viaje posible. Si te chirrían, hay meses que te encajan más y te lo apunto al final.
Los festivales, el verdadero motivo del viaje
El calendario es apabullante. El Festival Internacional de Edimburgo se celebra desde 1947 y ocupa unas tres semanas desde principios de mes con lo mejor del mundo en danza, ópera, música clásica y teatro, y suele despedirse con un espectáculo de fuegos artificiales lanzados desde el Castillo mientras una orquesta toca en los jardines de Princes Street. Verlo desde allí abajo, con la fortaleza iluminada, justifica el viaje por sí solo.
El Fringe es otra cosa. Dura prácticamente todo el mes y convierte cada bar, cada sala y cada esquina de la Royal Mile en un escenario, con miles de espectáculos de comedia, teatro, circo y cabaret. Hay entradas para todos los bolsillos y también actuaciones gratuitas, así que funciona igual de bien con presupuesto ajustado. Con niños también, porque la programación familiar es amplia.
Al mismo tiempo se celebran el Royal Edinburgh Military Tattoo en la explanada del Castillo, un despliegue de bandas militares de medio mundo que no se suspende aunque llueva, el Festival Internacional del Libro en torno a Charlotte Square y el Festival de Arte, con la mayoría de sus exposiciones gratuitas repartidas por galerías y museos. Para el Tattoo compra las entradas con mucha antelación, se agotan antes que casi nada.
Y si te sobra hueco, quedan el festival de cine, la Mela de Leith, la feria de artesanos del West End durante todo el mes y los mercadillos de los sábados. En agosto el problema nunca es qué hacer, es elegir.
El clima, más fresco de lo que imaginas
Que el mes coincida con el verano no te haga pensar en calor. Las temperaturas se mueven entre los 11 grados de las mínimas y unos 19 de máxima, con lluvia posible cualquier día y el viento habitual del clima oceánico. Para quien escapa del horno del verano español es, francamente, un alivio. Eso sí, en Edimburgo en agosto amanece sobre las cinco y media y no anochece hasta pasadas las nueve menos cuarto, así que los días dan muchísimo de sí.
En la maleta manda la estrategia de capas. Pantalón largo, alguna sudadera, chubasquero con capucha sí o sí y calzado cómodo que aguante el agua y los adoquines. Yo añadiría un antifaz para dormir, porque el sol entra pronto y las persianas no son costumbre en el Reino Unido. Y protector solar aunque el cielo amanezca gris.
Precios, alojamiento y multitudes
Aquí está el precio de tanta fiesta. Dormir en Edimburgo en agosto cuesta más que en ningún otro momento del año y lo decente se agota con meses de vista. Repito el consejo porque es el que más viajes salva, reserva entre cinco y seis meses antes. En la guía sobre dónde alojarse en Edimburgo tienes las zonas que me convencen y las que evitaría en plena temporada de festivales.
Las multitudes son la otra cara. Colas en los sitios turísticos, la Royal Mile congestionada y restaurantes llenos a horas normales. Se lleva mejor con calma y con una agenda realista, sin encadenar espectáculos sin margen entre uno y otro. Un truco que funciona, los jardines de Princes Street siguen siendo un remanso incluso en lo más alto de la temporada, perfectos para un picnic entre función y función.
Agosto más allá de los festivales
Me gusta recordar que el mes también funciona fuera del bullicio. Las colinas de las Pentlands se tiñen de violeta con la floración del brezo, un regalo que solo da el final del verano escocés. Las islas de Inchcolm y de May abren únicamente en esta época, la primera con focas tomando el sol junto a una abadía medieval y la segunda con sus colonias de frailecillos.
Incluso hay playa. Gullane, Yellowcraigs o Cramond quedan a menos de una hora y agosto es el último mes razonable para pisarlas con buen tiempo, aunque el mar del Norte exige valor. Entre terrazas, jardines y excursiones con luz hasta tarde, se puede montar un viaje estupendo casi de espaldas a los festivales. Casi.
¿Es agosto tu mes para ir a Edimburgo?
Si tu viaje va de cultura, ambiente y planes sin parar, adelante sin dudarlo, y también si viajas con niños dispuestos a callejear entre espectáculos. Si mandan el presupuesto o la tranquilidad, la respuesta honesta es que no, porque Edimburgo en agosto te cobra lo máximo por su versión más llena. En ese caso repasa la guía sobre la mejor época para viajar a Edimburgo, donde comparo el año entero y encontrarás alternativas con mejores precios y menos codazos. Lo que ofrece agosto no lo ofrece ningún otro mes, eso también es verdad, así que la decisión final es tan simple como saber a qué vienes.