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Que ver en Hallstatt: los imprescindibles de una escapada de cuento

Por Cynthia Becerra Actualizado el 14 min de lectura

Las excursiones organizadas llegan a Hallstatt a media mañana, y desde ese momento la calle principal se llena de grupos que van y vienen entre la plaza y el mirador de la postal. Por eso, lo que más cambia la visita es la hora a la que llegas. Si puedes, entra en el pueblo a primera hora o duerme allí una noche, porque al atardecer también se vacía y lo disfrutas mucho más tranquilo. Y si te preguntas qué ver en Hallstatt en un solo día, te adelanto que da tiempo a todo lo importante. Es un pueblo pequeño, de unos 800 habitantes, y el centro es peatonal, así que el coche se queda en los aparcamientos de las afueras y todo se recorre andando.

Yo empezaría por el pueblo y sus miradores, cuando todavía hay poca gente. Después subiría en funicular a la montaña de la sal, donde están el mirador Skywalk y la mina. Con un segundo día ya puedes salir al lago en barca y hacer alguna excursión por los alrededores, como el mirador Five Fingers o el lago Gosausee. Ten en cuenta que en muchos sitios solo aceptan efectivo, desde las barcas hasta algunos restaurantes y el barco que cruza desde la estación, así que lleva euros encima.

En este artículo 5 secciones

Paseo por el pueblo, desde la orilla del lago hasta el mirador más famoso

Hallstatt se estira a lo largo de una calle que bordea el lago, así que el paseo se hace casi en línea recta. Lo más cómodo es empezar por el lado de los aparcamientos y el funicular y terminar en el mirador del otro extremo.

Mirador junto al lago a la entrada del pueblo

La primera vista de Hallstatt ya explica por qué es tan famoso. Junto a los aparcamientos y la parada del autobús hay una plataforma sobre el lago, con las casas, la torre de la iglesia y las montañas de fondo. Mucha gente pasa de largo con prisa por llegar al centro. Es una pena, porque aquí casi nunca hay nadie y las fotos salen muy bien.

Si vas en coche, haz otra parada antes de llegar. En la carretera que bordea el lago hay un mirador donde se puede aparcar gratis y bajar hasta la orilla para ver el pueblo desde lejos.

Calle principal junto al lago (Seestraße)

Pasear sin prisa por esta calle es una de las cosas que más se disfrutan del pueblo. Las casas son de madera, con balcones llenos de flores y árboles que crecen pegados a las fachadas, y entre una y otra hay tiendas de artesanía y algún puesto de dulces recién hechos. Me gustó mucho, sobre todo a primera hora, porque a media mañana es cuando más gente hay.

Si no sabes qué hacer en Hallstatt nada más llegar, fíjate en las casas que dan al agua. Muchas tienen la planta baja abierta al lago porque hasta principios del siglo XIX al pueblo solo se llegaba en barca, y ahí guardaban los botes.

La sal de la mina, cómprala en el supermercado que hay al principio de la calle, porque en las tiendas de recuerdos cuesta más del doble.

Museo de Hallstatt sobre la historia de la sal

Cuando la gente decide qué ver en Hallstatt, el museo (Welterbemuseum Hallstatt) suele quedarse fuera por falta de tiempo. Está en la calle principal, muy cerca de la plaza del Mercado, en una casa histórica, y guarda más de 2.000 piezas, muchas sacadas de la mina y algunas de la Edad del Bronce. Me parece interesante sobre todo si vas a subir después a la mina, porque te ayuda a entender por qué este pueblo vivió siempre de la sal. La entrada es de pago y abre todo el año, con un horario que cambia según la época.

Iglesia católica (Pfarrkirche) y su cementerio

Desde la calle principal salen unas escaleras estrechas y bastante empinadas que suben hasta la iglesia católica de la Asunción. Empezó siendo románica y los mineros la ampliaron después, así que hoy mezcla el románico con el gótico. Por dentro destaca su altar gótico, con la Virgen, Santa Catalina y Santa Bárbara, la patrona de los mineros.

Lo que más me gustó fue la vista. Desde el balcón de la iglesia y desde el cementerio, con sus tumbas tan cuidadas, ves los tejados del pueblo y el lago detrás, y merece mucho la pena subir aunque sea solo por eso. El cementerio es tan pequeño que las tumbas solo se mantienen unos diez años, y esa falta de sitio explica lo que hay justo al lado.

Osario o Casa de los Huesos (Beinhaus)

Pegado al cementerio está el osario, lo más curioso del pueblo y también lo más impactante. Como no había sitio para todos, al cabo de unos años se sacaban los huesos de las tumbas, se limpiaban y se colocaban en esta capilla. Desde el siglo XVIII empezaron a pintar los cráneos con el nombre del difunto y con hojas de roble, laurel o rosas, y los ordenaban por familias.

Hay más de mil calaveras y unas 600 están pintadas. La más reciente es la de una mujer que murió en 1983 y pidió descansar aquí, y todavía conserva un diente de oro. La entrada cuesta unos 2 € y abre pocas horas al día, así que mira el horario antes de subir.

Plaza del Mercado (Marktplatz)

Pequeñita y preciosa. Las casas que la rodean están pintadas de colores suaves y cubiertas de enredaderas, y por detrás asoman la torre de la iglesia protestante y la cascada. En el centro está la columna de la Santísima Trinidad (Dreifaltigkeitssäule), que regaló al pueblo el maestro de la sal imperial en 1743. De toda mi lista de qué ver en Hallstatt, es el sitio donde más tiempo pasaría. Si puedes, siéntate en una de sus terrazas a tomar un café mientras miras las fachadas.

Un incendio arrasó casi toda la plaza en el siglo XVIII y hubo que reconstruirla, por eso aquí las casas son de piedra y no de madera como en el resto del pueblo. Junto a la plaza hay una fuente de agua potable que baja directamente de la cascada. En diciembre se monta aquí el mercado de Navidad.

Cascada Waldbachstrub y mirador de la parte alta del pueblo

Desde casi cualquier punto del pueblo ves caer la cascada Waldbachstrub por detrás de las casas. Tiene unos 90 metros en tres saltos, y en primavera, con el deshielo, lleva muchísima más agua.

Merece la pena subir a verla de más cerca. Cerca de la plaza sale un callejón señalizado como «scenic walkway» que va ganando altura por encima de los tejados hasta un pequeño aparcamiento. Allí tienes la cascada a la espalda y el pueblo, el lago y las montañas delante, con un banco para sentarte a mirar. Si hace buen tiempo y tienes más rato, hay un sendero para acercarte hasta la propia cascada.

Mirador de las escaleras Müllerstiege

Si buscas qué hacer en Hallstatt sin gastar dinero, este mirador es muy recomendable para ver el pueblo desde arriba sin pagar el funicular. Hay que buscar la calle Müllerstiege y subir unas escaleras durante unos diez minutos, una subida sencilla. Arriba la vista cae sobre los tejados y el lago, y como está algo escondido apenas hay gente, así que puedes hacer las fotos con calma.

Mirador de la foto más famosa de Hallstatt

Imprescindible. Es la foto que todo el mundo tiene en la cabeza cuando piensa en Hallstatt, con las casas junto al agua, la torre de la iglesia protestante y las montañas detrás, y en persona impresiona igual. Si solo tuviera una hora para decidir qué ver en Hallstatt, vendría directamente aquí.

Para llegar, pasa por el arco que hay junto a la iglesia protestante y sigue la calle Gosaumühlstraße hasta el final del pueblo. No hay ningún cartel, pero lo reconocerás enseguida por la cantidad de gente con cámaras y trípodes. A media mañana cuesta encontrar hueco, así que ve a primera hora o al atardecer, cuando el pueblo se vacía.

Ten en cuenta que es una calle con casas y los vecinos han puesto carteles pidiendo silencio.

Excursión en funicular a la montaña de la sal

Después del paseo, la otra gran decisión sobre qué hacer en Hallstatt es si subir a la montaña de la sal. Allí arriba se juntan el mirador Skywalk, un restaurante en una torre medieval y la mina. Se sube en el funicular (Salzbergbahn), que sale junto al aparcamiento P2, y hay billete solo de subida y bajada o combinado con la mina, que sale más a cuenta si vas a entrar. También se puede subir andando en algo más de una hora, aunque en invierno ese camino se cierra por la nieve.

Mirador Skywalk en la montaña de la sal

Para mí, las mejores vistas de Hallstatt.

Desde la parada del funicular se llega en unos minutos por un camino con algunos escalones. La plataforma (Welterbeblick) tiene forma de triángulo y sobresale unos 12 metros de la ladera, a unos 350 metros por encima del pueblo. Desde la punta ves los tejados justo debajo, todo el lago y las montañas alrededor. Si tuviera que quedarme con una sola cosa de qué ver en Hallstatt, sería esta vista. El mirador es gratis, pero el funicular es de pago y no es barato, así que aprovecha para ver también la torre o la mina.

Suele haber bastante gente, sobre todo en verano. Aun así, compensa esperar un poco para asomarte a la punta. Si tienes vértigo, piénsatelo, porque para llegar hay que cruzar un puente colgante.

Restaurante en la torre medieval de Rudolf

A pocos metros de donde te deja el funicular está la torre de Rudolf (Rudolfsturm), levantada en 1282 para proteger a los mineros de los príncipes obispos de Salzburgo, que querían quedarse con la sal. Durante siglos fue la casa de los encargados de la mina, y desde 1960 es un restaurante. Su terraza tiene unas vistas muy bonitas del pueblo y el lago, y es un buen sitio para comer o tomar algo después del Skywalk. Cierra en invierno, más o menos de diciembre a febrero.

Mina de sal de Hallstatt (Salzwelten)

Mucha gente la deja fuera al planificar qué ver en Hallstatt porque pide tiempo, pero si puedes dedicarle unas dos horas es muy recomendable. Se considera la mina de sal más antigua del mundo, con unos 7.000 años de historia, y de ella viene el propio nombre del pueblo, ya que «hall» era la palabra celta para la sal. La visita es guiada y no puedes salir antes de acabar, así que no la metas si vas justo de tiempo.

Desde el funicular hay unos diez minutos andando hasta la entrada, pasando junto a la zona de la necrópolis prehistórica, una de las más importantes de Europa. Al llegar te dan un mono para ponerte encima de la ropa. Dentro hay salas que explican cómo se formó la sal y cómo se trabajaba, un lago subterráneo y los toboganes de madera que usaban los mineros para bajar de un nivel a otro, que son lo más divertido de la visita. Me pareció muy curiosa la escalera de madera de más de 3.000 años que se ha conservado gracias a la sal. Al final se sale en un trenecito por un túnel larguísimo.

Hay escaleras que pueden resbalar y no es buena idea si tienes claustrofobia. Pueden entrar niños a partir de 4 años, y la mina cierra en invierno. Si te toca un día de lluvia y no sabes qué hacer en Hallstatt, es uno de los pocos planes que no dependen del tiempo.

Planes en el lago de Hallstatt

El lago de Hallstatt (Hallstätter See) es lo que hace que el pueblo sea tan especial, y verlo desde el agua cambia por completo cómo lo ves.

Llegada en barco desde la estación de tren

La estación de tren de Hallstatt está en la otra orilla, así que si llegas en tren hay que cruzar el lago en un barco que tarda unos siete minutos. Es la forma más bonita de llegar al pueblo. Los barcos salen cada vez que llega un tren, así que no hay que esperar, y el billete se paga en efectivo. Si quieres ir fuera para hacer fotos, baja rápido del tren, porque la única zona al aire libre es la popa y se llena enseguida.

Paseo en barca eléctrica o de remo por el lago

Alquilar una barca es, para mí, de lo mejor que hacer en Hallstatt. Desde el agua ves todas las casas construidas en la orilla, una detrás de otra, con las montañas encima. Esa vista no la tienes desde ningún otro sitio.

En los embarcaderos alquilan barcas eléctricas de hasta cuatro personas, barcas de remo y patines con forma de cisne. Las eléctricas son muy fáciles de llevar y en una hora da tiempo a recorrer buena parte del lago. Solo funcionan de primavera a principios de otoño y se pagan en efectivo, así que si vas al principio de la temporada confirma antes que ya han abierto. En verano también hay quien se baña en el lago.

Comer pescado del lago a la brasa

El plato típico es el reinanke, un pescado del propio lago que se hace a la brasa y que los restaurantes presumen de haber pescado ese mismo día. La trucha alpina también es habitual en las cartas. Si buscas algo rápido y barato, junto al embarcadero hay casetas con kebab, perritos y pan de pita. Las cenas en Hallstatt son temprano y por la noche quedan pocos sitios abiertos, así que no lo dejes para muy tarde.

Excursiones de un día desde Hallstatt

Si ya has visto lo principal de qué ver en Hallstatt y te queda un segundo día, los alrededores dan para mucho. Al Five Fingers se llega en autobús, pero para las otras dos excursiones el coche te da mucha más libertad.

Mirador Five Fingers en el macizo del Dachstein

Es un mirador muy curioso, con cinco plataformas que salen de la montaña como los dedos de una mano y miran hacia el lago y los Alpes. Está en Obertraun, el pueblo vecino. Desde Hallstatt puedes ir en el autobús 543 hasta la estación del teleférico del Dachstein, subir en teleférico y caminar hasta el mirador. Hay tres caminos, y el más corto se hace en unos 20 minutos ida y vuelta.

Revisa bien a qué hora sale el último teleférico, porque cierra pronto y es fácil quedarse sin subir. En invierno el camino se hace con raquetas de nieve, que van incluidas en la entrada. En la misma montaña tienes la cueva de hielo gigante (Dachstein-Rieseneishöhle), una de las más grandes del mundo, y en lo alto del Krippenstein un mirador en espiral con vistas de 360 grados.

Lago Gosausee y ruta al lago Hinterer Gosausee

Muy bonito si te gusta caminar. Está a unos 25 minutos en coche, en el valle de Gosau, y hay un aparcamiento grande y gratuito. El Gosausee está rodeado de montañas de casi 3.000 metros y rodearlo es un paseo fácil y muy agradable. Si te animas a algo más largo, puedes seguir hasta el Hinterer Gosausee, un lago más pequeño que queda más arriba. Son unos 13,5 km en total, entre 4 y 5 horas y unos 500 metros de subida, con algún tramo exigente. Para quien no sepa qué hacer en Hallstatt lejos de la gente, es la mejor opción, y en otoño los reflejos en el agua atraen a muchos fotógrafos.

Lago Wolfgangsee y el pueblo de St. Wolfgang

Es uno de los lagos más bonitos de la región de Salzkammergut, rodeado de pueblos muy pintorescos. Lo que más me gusta es subirse al barco que da la vuelta al lago, porque desde el agua se ven todos esos pueblos. Eso sí, la zona es bastante turística y St. Wolfgang se llena de gente, así que no esperes la tranquilidad de los pueblos de montaña. Si tu viaje se centra en qué ver en Hallstatt y solo tienes un día extra, yo priorizaría el Gosausee. En Navidad, sus mercadillos son muy conocidos.

¿A qué hora llegar a Hallstatt y qué ver primero?

Si consigues llegar antes que las excursiones de media mañana, empieza por el mirador de la postal y la plaza del Mercado, que es cuando están más tranquilos. Cuando los grupos ya llenen la calle principal, sube en funicular al Skywalk y, si tienes tiempo, entra en la mina. Deja la tarde para pasear sin prisa por la orilla mientras el pueblo se va vaciando.

Y si puedes dormir una noche allí o en Obertraun, mucho mejor, porque verás el pueblo tranquilo al atardecer y a primera hora. Organizado así, todo lo que entra en una lista de qué ver en Hallstatt cabe en un día sin ir corriendo.

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