Subí en coche la cuesta del castillo y aparqué gratis dentro del recinto, en el mismo patio del Parador. Desde la carretera, la catedral me había parecido poca cosa, con esa fachada sin torres que parece a medio hacer. Llegaba con dudas y me fui convencido de que merece la pena visitar Tortosa.
La primera vista, desde las almenas de la Suda
Lo primero que hice fue asomarme a la muralla. Desde las almenas del castillo de la Suda tienes la ciudad entera a tus pies, con la catedral y sus arbotantes en primer plano y el Ebro justo detrás. Es la foto de Tortosa. El castillo lo levantaron los musulmanes en el siglo X y recorrer el exterior no cuesta nada.
Hoy buena parte de la fortaleza es Parador, así que si te apetece dormir en un castillo, aquí puedes hacerlo. Yo di la vuelta al patio de armas y bajé a pie hacia el casco antiguo, porque el camino es empinado pero corto. Si todavía dudas de si merece la pena visitar Tortosa, sube aquí primero y decide con la ciudad delante.
¿Compensa pagar por la catedral y los Reales Colegios?
Bajando me metí en la antigua judería, un laberinto de callejones con pocos edificios originales. Seguí los carteles que marcan dónde estaban la sinagoga o la carnicería hasta la plaza de la Figuereta y su pozo, el rincón más bonito del barrio.
Los Reales Colegios quedan cerca y pagué los 3 € sin pensarlo. El patio del Colegio de Santiago y San Matías, el único renacentista de Cataluña, es precioso, con las esculturas de los reyes de Aragón mirándote desde arriba. Para mí es lo más bonito de Tortosa. Si entras en varios sitios, la Tortosa Card de 7 € compensa.
La catedral, por fuera, engaña. Dentro, el gótico es una pasada, con unas naves altísimas. Me impresionó sobre todo la capilla de la Virgen de la Cinta, barroca y cubierta de mármol y frescos. Pagué la entrada completa, que incluye los túneles usados como refugio en la Guerra Civil, y la recomiendo. Solo por esta capilla ya merece la pena visitar Tortosa.
Bajé hasta el Ebro siguiendo las fachadas de Monguió
De la catedral salí a la Plaza de la Cinta y me paré delante de la Casa Grego, la fachada modernista más bonita de la ciudad. Es obra de Pau Monguió y es toda curvas, con un balcón redondeado que me gustó mucho. Le hice un par de fotos desde la esquina.
Seguí hacia el río hasta el antiguo matadero, otra vez de Monguió. Sus pabellones de ladrillo con azulejos en tonos azules quedan muy bien en foto, y dentro están el Museo de Tortosa y la oficina de turismo, donde cogí un mapa. Junto a la orilla, el Mercado Municipal tiene una estructura de hierro de Joan Torras, el maestro de Gaudí, y allí compré pastissets, el dulce típico, que están muy buenos.
Terminé el paseo bajo el puente rojo del antiguo ferrocarril, ya sin tren, donde las letras de TORTOSA junto al Ebro dan para la foto de rigor.
Un día en Tortosa, y mejor que no sea lunes
Tortosa es pequeña y la recorrí entera a pie, del castillo al río, con bastante más patrimonio del que esperaba para una ciudad de su tamaño. Se ve bien en un día aprovechado, y si quieres entrar en todo con calma o dormir en el Parador, mejor dos. Eso sí, evita el lunes, porque cierran la catedral y los Reales Colegios. Mi respuesta es que sí merece la pena visitar Tortosa, y me quedo con las vistas desde la Suda, el patio de los Reales Colegios y la capilla de la Cinta.