¿Merece la pena visitar Santa Cruz de Tenerife? Mi opinión más sincera

El géiser del lago de la Plaza de España lanza el agua hasta 30 metros de altura, y fue lo primero en lo que me fijé al llegar al centro de Santa Cruz. Me acerqué al borde del lago, que es de agua de mar, y desde ahí tenía delante el edificio del Cabildo y el de Correos. Llegué con una pregunta clara en la cabeza, si merece la pena visitar Santa Cruz de Tenerife o si es solo el sitio donde paran los cruceros y se hacen las gestiones de la isla.

La primera impresión fue la de una capital de verdad. Mucha gente con prisa, edificios de oficinas, tiendas de cadena y guaguas pasando cada poco. Busqué la sombra antes de ponerme a andar, porque aquí hace calor casi todo el año. Tampoco tiene un casco antiguo de postal, y conviene saberlo antes de venir.

Bastaron un par de calles para cambiar de idea. Entré en la oficina de turismo de la propia plaza, cogí un mapa y decidí hacerlo todo a pie, porque casi todo lo que quería ver estaba cerca. Fue la mejor decisión del viaje.

Un paseo de la Plaza de España a La Recova

La Plaza de España me pareció espectacular. Es la más grande de Canarias y tiene un gran lago en el centro, así que rodeé el agua entera antes de decidir por dónde seguir. Al atardecer volví, porque encienden cientos de luces con forma de gota y el lago refleja los edificios. La luz de esa hora dejaba la fachada del Cabildo bien para una foto, y ahí saqué las que después subí a redes.

Antes de irme de la plaza bajé unas escaleras que casi pasan desapercibidas y aparecí debajo del lago. Ahí está el Centro de Interpretación del Castillo de San Cristóbal, con los restos de la muralla que defendía la ciudad desde 1575. Lo que más me gustó fue el cañón Tigre, el que según la leyenda dejó a Nelson sin un brazo. Es gratis. Cierra domingos y festivos, así que no lo dejes para el último día si ese día cae en domingo.

Volví a subir y crucé a la Plaza de la Candelaria, pegada a la anterior. Me senté en una terraza con un café mirando el Palacio de Carta, de barroco canario, y el edificio del Casino. Es una plaza menos llamativa que la de España, pero para parar a tomar algo me gustó más.

Desde ahí sale la calle del Castillo, la principal calle comercial y peatonal de Santa Cruz. A pie de calle todo son tiendas de cadena, aunque si levantas la vista aparecen las casas que construyeron las familias con dinero en el siglo XVIII. La recorrí entera mirando más los balcones que los escaparates.

Subí caminando hasta el Parque García Sanabria, que con más de 67.000 m² es el parque urbano más grande de Canarias. En la entrada está el Reloj de Flores y ahí me paré a hacer la foto, como todo el mundo. Luego lo crucé por dentro buscando la sombra de los árboles, traídos de medio mundo, y pasé junto a la fuente de La Fecundidad. Muy bonito para pasear, sobre todo en una ciudad donde el sol aprieta.

Para el MUNA bajé de nuevo hacia el barranco de Santos. Me gustó mucho la fachada neoclásica del antiguo hospital civil, muy bien conservada, y decidí entrar. Las momias guanches son lo más interesante del museo, junto a la Piedra Zanata. La entrada cuesta 5 €, y los viernes y sábados es gratis a partir de las 16 h. Si puedes cuadrarlo, aprovecha.

Crucé el barranco y llegué al Mercado de Nuestra Señora de África, La Recova, que me encantó. Antes de entrar me quedé fuera mirando la fachada, con el arco de la entrada y la torre de estilo mudéjar. Dentro hay unos 200 puestos de fruta tropical, pescado, quesos canarios, mojos y gofio. Fui por la mañana, que es cuando más ambiente tiene, y acabé en uno de los bares con unas papas arrugadas con mojo y un barraquito.

Es el sitio que mejor explica por qué merece la pena visitar Santa Cruz de Tenerife sin fijarse solo en los monumentos. Cierra a las 14 h todos los días, así que no lo dejé para la tarde.

Dónde se ve más bonita Santa Cruz de Tenerife

Por la tarde fui caminando por la costa hasta el Auditorio de Tenerife, el edificio más impresionante de la ciudad. Es obra de Santiago Calatrava y la curva de su cubierta es una pasada vista junto al mar. Mucha gente lo compara con la Ópera de Sídney y, con él delante, entendí por qué. Di la vuelta completa al edificio buscando el mejor ángulo para la foto y volví a pasar de noche, cuando lo iluminan. Si te interesa la arquitectura hay visita guiada por dentro, que cuesta 5 €.

Justo al lado está el Castillo Negro, o de San Juan Bautista. Es curioso ver una fortaleza del siglo XVII hecha de piedra volcánica oscura pegada a un edificio tan moderno. Solo se ve por fuera, así que me limité a rodearlo.

La mejor vista del Auditorio la encontré en el Palmetum. Es un jardín botánico de 12 hectáreas levantado sobre un antiguo vertedero, con unas 600 especies de palmeras. Pagué los 6 € de la entrada y subí a la parte alta. Desde ahí se ve el Auditorio entero con la ciudad detrás, y solo por esa panorámica ya merece la pena.

De vuelta al centro fui directo a la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, la más bonita de la ciudad. Empezó a construirse en 1499 y es de las primeras iglesias de Tenerife. Antes de entrar me fijé en la torre y en los balcones canarios de madera de tea de la fachada, que quedan muy bien en foto.

Dentro es preciosa. Me fijé en el techo artesonado mudéjar y en la cruz con la que Alonso Fernández de Lugo desembarcó en 1494, que se guarda en el templo. La entrada es gratis, así que no tiene sentido pasar de largo. Si alguien me pregunta si merece la pena visitar Santa Cruz de Tenerife, esta iglesia es uno de mis argumentos.

Muy cerca está la calle de La Noria, con sus casas de colores convertidas casi todas en bares y restaurantes. De día estaba tranquila, así que decidí volver a cenar cuando cayó el sol, que es cuando se anima. Es la calle que elegiría para tapear en Santa Cruz.

¿Volvería a Santa Cruz de Tenerife?

Sí, y con más tiempo. Me quedo con el Auditorio, la Plaza de España, la Iglesia de la Concepción y el Mercado de África, los cuatro sitios que mejor representan la ciudad. Para mí merece la pena visitar Santa Cruz de Tenerife aunque no tenga un casco antiguo de postal, porque se recorre a pie y pasa del barroco canario a Calatrava sin coger el coche.

El centro lo vi en un día caminando. Si puedes, quédate otro y dedica la tarde a la playa de Las Teresitas, en San Andrés. Tiene arena dorada y aguas tranquilas, algo poco habitual en Tenerife, y es la que yo elegiría para cerrar el viaje. Con un día y medio o dos lo verás todo tranquilamente.

Llegué pensando que Santa Cruz era una ciudad de paso y me fui apuntando sitios para volver. Tengo claro que merece la pena visitar Santa Cruz de Tenerife, y me quedé pensando en cuántas ciudades descartamos solo porque las vemos como un puerto donde bajar del barco.

Deja un comentario