¿Merece la pena visitar Melilla? No te pierdas mi opinión más sincera

El avión que me llevó a Melilla era de hélice, porque la pista del aeropuerto es corta y termina casi pegada a la valla con Marruecos, y el aterrizaje se nota. Cogí un taxi por unos 7 € y en 3 km ya estaba en el centro. Es de los destinos de España que menos turistas reciben y se nota en la poca oferta hotelera. Yo quería comprobar si merece la pena visitar Melilla.

Primera toma de contacto en la avenida Juan Carlos I

Dejé la maleta en el hotel y bajé andando a la avenida Juan Carlos I, la calle principal del centro. Lo primero que me llamó la atención fue la gente. En una ciudad de 12 km² conviven cristianos, musulmanes, judíos e hindúes, y me crucé con hombres con kipá y mujeres con chilaba en la misma acera sin que nadie mirara dos veces.

Subí un poco más hasta la Mezquita Central, de estilo neoárabe y obra de Enrique Nieto, el mismo arquitecto de buena parte de los edificios modernistas. Me pareció curiosa, aunque solo pude verla por fuera porque el interior está reservado a musulmanes. De vuelta me fijé en algo menos agradable: casi ningún edificio tiene una placa con su nombre o su autor, así que pasé por delante de varios sin saber qué estaba mirando.

¿Cuánto da de sí Melilla La Vieja?

Al día siguiente entré en la ciudadela por la Puerta de la Marina, justo enfrente del puerto, y fui subiendo por los recintos amurallados sin seguir ningún orden. Melilla La Vieja es imprescindible. Está muy bien conservada y sigue habitada por unas 2.000 personas, así que entre baluartes y cañones vas encontrando bares y restaurantes y no tiene aire de museo. En la Puerta de Santiago paré para fotografiar la capilla gótica, que dicen que es la única de África.

Había reservado la visita a las Cuevas del Conventico, guiada y gratuita, y fue lo mejor del día. Son galerías naturales y excavadas donde se refugiaba la población durante los asedios, como el de 1774, que duró cien días. La salida da a la Cala de Trápana, con el agua turquesa y el arco parabólico encima, y como solo se llega por las cuevas o por mar, bajar hasta ella es el mejor final para la visita.

Después subí por la muralla hasta el faro, que es centenario y queda bien en una foto con los acantilados detrás. Al lado entré en el Museo Histórico Militar, que me interesó más por sus miradores que por la colección. Desde arriba se ve la Ensenada de los Galápagos bajo las murallas, con el agua de un azul precioso, aunque a esa playa solo se puede bajar en verano.

Salí de la ciudadela convencido de que solo por ella ya merece la pena visitar Melilla.

Me fui al Ensanche a mirar fachadas de Enrique Nieto

El Ensanche fue lo que más me sorprendió del viaje, y me parece espectacular. Tiene más de 900 edificios modernistas y art déco, muchos de Nieto, que había colaborado con Gaudí, y en España solo Barcelona tiene más modernismo. Recorrí la avenida Juan Carlos I mirando hacia arriba y me paré delante de la Casa Melul, que tiene una estatua del arquitecto en la acera de enfrente. En la plaza Menéndez Pelayo, La Reconquista tiene unas cúpulas en forma de piña. La Casa de los Cristales, con sus columnas nazaríes, fue otra de mis favoritas.

Al final llegué a la Plaza de España y me senté en una terraza mirando el Palacio de la Asamblea, que es el ayuntamiento y una de las fachadas más bonitas de la ciudad. Antes de irme me hice la foto de rigor con las letras de Melilla.

Para cenar fui a La Cervecería, que por dentro es un local modernista precioso. Allí, como en casi todos los bares de Melilla, con cada bebida te ponen una tapa sin cobrarla, y elegí la de pollo especiado.

Dos días entre la ciudadela y el Ensanche

A mí un fin de semana me bastó, con un día para Melilla La Vieja y otro para el Ensanche. Si vas en verano, añadiría medio día para bajar a la Ensenada de los Galápagos, y en cualquier época reserva las cuevas antes de llegar porque hay pocos pases. Merece la pena visitar Melilla, bastante más de lo que su fama da a entender, y yo me quedo con las Cuevas del Conventico y con el paseo de fachadas por el Ensanche.

Deja un comentario