En las aceras del centro de Boston hay una línea de ladrillo rojo que se puede seguir sin mirar el mapa. Fue lo primero que busqué al salir a la calle, y siguiéndola entendí rápido por qué merece la pena visitar Boston. Es una ciudad de tamaño medio, de ladrillo y muy caminable, la más europea que he pisado en la Costa Este. Lo menos agradable llegó antes del viaje, al reservar hotel.
Busqué alojamiento cerca del centro y casi nada bajaba de 160 € la noche.
Del Boston Common a Harvard Yard siguiendo la línea roja
Empecé en el Boston Common, el parque público más antiguo del país, abierto desde 1634. Es bonito y muy cómodo para arrancar, aunque el Public Garden de al lado, con su lago y su puente, me gustó bastante más. Desde la hierba se ve la cúpula dorada del State House en lo alto de la colina. Ahí empieza el Freedom Trail, unos 4 km que enlazan 16 puntos de la independencia, y casi todos se ven gratis. Yo lo hice por libre siguiendo los ladrillos rojos. Si no te manejas en inglés, reserva un free tour en español, porque el tour oficial solo se hace en inglés.
La parada que más me sorprendió fue la Old State House. Es un edificio pequeño de 1713, con el león y el unicornio coronando la fachada, encajado entre rascacielos que le triplican la altura. Crucé a la acera de enfrente para sacarlo con las torres detrás. Unas calles más allá llegué a Faneuil Hall y al Quincy Market, el mercado cubierto donde todo el mundo pide lobster roll o clam chowder. Estaba bueno, pero el mercado siempre está lleno, así que comí rápido y seguí. De ahí pasé al North End, el barrio italiano, y subí por Hanover Street entre pizzerías y pastelerías hasta pedir un cannoli. Muy buenos. Para quien disfruta comiendo mientras pasea, solo este tramo ya demuestra que merece la pena visitar Boston.
Al día siguiente me fui directo a Beacon Hill, que para mí es el barrio más bonito de la ciudad. Callejeé por sus cuestas mirando fachadas de ladrillo con banderas y flores, farolas de gas y calles empedradas, y era justo el Boston que me imaginaba antes de ir. Acorn Street, la calle que sale en todas las fotos, es muy corta y siempre tiene a alguien posando, así que conviene ir temprano.
Después bajé hacia Back Bay hasta Copley Square. La Biblioteca Pública, la primera biblioteca pública de Estados Unidos, es espectacular por dentro, con la sala Bates Hall y un patio interior que merecen la visita por sí solos, y entrar es gratis. Ojo con el horario, porque algunos días cierra a las 17 h. Enfrente, la fachada de piedra rugosa de la Trinity Church se refleja en la torre de cristal que tiene detrás, una estampa muy curiosa. Desde allí cogí el metro a Cambridge, a unos 10 minutos. Me apunté a la visita guiada gratuita con un estudiante, paseé por Harvard Yard entre edificios de ladrillo y me hice la foto tocando el pie de la estatua de John Harvard. Es turistada, pero hay que hacerla. Harvard es otro buen argumento para decir que merece la pena visitar Boston, aunque técnicamente esté en otra ciudad.
¿Compensa Boston con lo que cuesta dormir allí?
El alojamiento es la pega más seria del viaje y conviene reservarlo con antelación. Antes de comparar precios, yo miraría bien la zona donde alojarse en Boston, porque desde el centro o desde Back Bay se llega andando a casi todo y te ahorras transporte. El resto del presupuesto se lleva mejor de lo que parece, ya que casi todo lo que más me gustó se ve gratis.
Mi respuesta es que sí. En 2 días vi lo esencial, y con 3 lo habría recorrido con más calma. Si alguien me pregunta si merece la pena visitar Boston, le digo que me quedo con Beacon Hill, el Freedom Trail y la sala Bates Hall de la biblioteca.