Cuando paso unos días en Cangas de Onís, saco el coche antes de las nueve, a la hora en que en la calle San Pelayo todavía están montando las terrazas. Casi todos los pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís quedan a menos de una hora, así que no cambio de alojamiento y vuelvo a dormir aquí cada noche.
Como base funciona bien, aunque tiene su parte incómoda. Es uno de los pueblos más concurridos de Asturias y en verano el centro se llena desde media mañana, sobre todo alrededor del Puente Romano, que en realidad es medieval y lleva colgada del arco central una réplica de la Cruz de la Victoria. Yo lo cruzo a primera hora, antes de arrancar, y dejo el paseo por el casco y la sidra en San Pelayo para cuando regreso.
Arriondas

Arriondas es lo primero que encuentro río abajo, a 8 kilómetros, y en nueve minutos estoy aparcando. Voy directo a la plaza de Venancio Pando a ver el cañón que da la salida del Descenso del Sella, con el Puente de las Piraguas al final de la plaza, desde donde salen los palistas cada agosto. Luego subo a la calle Argüelles para ver Villa Juanita, una casa indiana de 1923 pintada de un rojo que no pasa desapercibido. Interesante, y en una hora lo tienes visto. Si te apetece bajar el Sella en canoa, aquí hay varias empresas que lo organizan.
Covadonga

Covadonga queda casi a la misma distancia que Arriondas, unos 11 minutos, pero hacia la montaña. Dejo el coche en El Repelao y subo andando por los Jardines del Príncipe hasta la Santa Cueva, donde está la Santina. Justo debajo, junto al pozón, está la Fuente de los Siete Caños, y la tradición dice que quien bebe de ella se casa antes de un año.
La Basílica, neorrománica y de piedra rosada, se levanta en un cerro frente a la cueva, y la foto que me gusta la hago al llegar, con las torres en lo alto del risco. Merece la pena, pero ve temprano porque a mediodía hay mucha gente. Los Lagos los dejo para otro día con más calma, y en temporada alta solo se sube en autobús.
Ribadesella, más allá de la meta del Sella

El río que bajan las canoas desde Arriondas termina en Ribadesella, a 25 kilómetros de Cangas y 24 minutos de coche. Lo que reservo con meses de antelación es la cueva de Tito Bustillo, Patrimonio de la Humanidad desde 2008 y con cupo diario limitado. Si no consigo entrada, me conformo con el Centro de Arte Rupestre que tiene al lado.
Después vuelvo al casco y me meto en el Portiellu, el barrio más antiguo, de calles estrechas y casas de colores. En la calle Trasmarina está la Escalera de Colores, 56 peldaños con una frase cada uno, casi todos pintados por los vecinos, y es el rincón más fotogénico de la villa. Entre los pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís es el que mejor mezcla mar y paseo urbano. Muy recomendable.
Colunga

Colunga está a 33 minutos y casi siempre la pillo de camino a Lastres. Me tomo un café en la plaza para mirar el edificio del Café Magovi, modernista y de color rosa, y la Casa de los Pablos, de 1910, con las torres sin terminar desde un incendio en la Guerra Civil. Luego bajo a la playa de La Griega, donde al final del arenal arranca un sendero corto hasta las huellas de un saurópodo del Jurásico, de las más grandes que se conocen. Bonito, y lo de las huellas justifica el desvío.
Lastres desde el mirador de San Roque

Lastres está a 34 kilómetros de Cangas, pero solo a 4 de Colunga, así que los junto en la misma mañana. Antes de entrar al pueblo paro en el mirador de San Roque, que tiene aparcamiento gratuito enfrente. Desde arriba se ven las casas escalonadas bajando hacia el puerto y, con el día despejado, la playa de La Griega. Es la mejor foto de Lastres.
Para callejear dejo el coche junto a la iglesia de Santa María de Sábada, porque en el centro es muy difícil aparcar, y bajo por cuestas y escaleras entre fachadas de colores y balcones de madera hasta la Torre del Reloj. La serie Doctor Mateo se rodó aquí, y me hizo gracia saber que la casa del médico de la ficción fue de verdad la del médico del pueblo.
Me encantó, aunque las cuestas se notan a la vuelta.
Bulnes, sin carretera

De todos los pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís, Bulnes es el que más tiempo pide sin ser el más lejano. Son 38 kilómetros y casi 50 minutos hasta Poncebos, donde se queda el coche, porque al pueblo no llega ninguna carretera. Ese aparcamiento lo comparten los que van a hacer la Ruta del Cares, así que salgo temprano o acabo buscando hueco a lo largo de la carretera.
Para subir tienes el funicular, que atraviesa la montaña por dentro y te deja arriba en siete minutos, algo caro para lo que dura. Si el día acompaña, yo prefiero el sendero de la Canal del Texu, un par de horas de subida sin complicaciones. Arriba el pueblo se reparte entre Bulnes de Abajo y Bulnes de Arriba, todo piedra y tejado rojo, y en diez minutos llegas a un mirador con el Naranjo de Bulnes enfrente. Imprescindible. Antes de bajar pido unas croquetas de cabrales en el bar del pueblo.
Llanes

Llanes es el más lejano en kilómetros, 50, y aun así llego en 42 minutos, menos de lo que tardo en ponerme en Poncebos. Es el único de la lista que da para un día entero sin salir de la villa. Entro al casco antes de las diez, porque en julio y agosto entre las once y las dos se satura, y voy derecho a la basílica de Santa María del Conceyu. Es gótica, algo poco habitual en Asturias, y tiene una buganvilla espectacular trepando por sus muros.
De ahí bajo al puerto para recorrer los Cubos de la Memoria, los bloques del rompeolas que pintó Agustín Ibarrola entre 2001 y 2006. Desde el paseo de San Pedro se ven bien, pero donde más me gustan es caminando entre ellos, porque los dibujos cambian con cada paso. Precioso.
De vuelta a la calle San Pelayo
Todas estas escapadas acaban igual, con el coche aparcado en Cangas antes de la cena y una sidra en la misma calle San Pelayo que dejé vacía por la mañana. Si solo pudiera repetir dos de estos pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís, volvería a Lastres por la costa y a Bulnes por la montaña. A Covadonga iría la tarde de llegada, porque está a un paso.