Me bajé del coche después de conducir los 35 kilómetros que separan Madrid de Alcalá de Henares por la autovía A-2. Aparqué en uno de los estacionamientos gratuitos de las afueras y caminé unos diez minutos bajo un sol que ya empezaba a calentar bastante, notando de inmediato que el ambiente es mucho más tranquilo que en la capital.
Crucé el arco de la Puerta de Madrid y lo primero que vi fue el trasiego de gente local haciendo recados, mezclado con algunos grupos de turistas que buscaban la oficina de turismo. Aunque al principio me pareció una ciudad dormitorio más, al entrar en el casco histórico me di cuenta de que el trazado medieval se conserva intacto y que merece la pena visitar Alcalá de Henares por el peso de su historia.
Decidí empezar la ruta sin un mapa demasiado estricto, simplemente dejándome llevar por la hilera de columnas de piedra de la Calle Mayor. Me detuve a observar el escudo más antiguo de la ciudad en un capitel de la Plaza de Cervantes y me senté un momento a ver cómo las cigüeñas daban vueltas sobre los campanarios.
Caminando entre el Siglo de Oro y los restos romanos
Seguí el camino hasta llegar a la Universidad de Alcalá, que me pareció una auténtica joya arquitectónica por su fachada plateresca. Entré a ver el Paraninfo, donde se entregan los Premios Cervantes, y me impresionó el nivel de detalle de las yeserías; merece la pena visitar Alcalá de Henares solo por ver este lugar donde estudiaron personajes como Quevedo o Lope de Vega.
Dejé atrás la universidad y me dirigí hacia el Museo Casa Natal de Cervantes, donde tuve que esperar un poco porque había bastante gente en la puerta. Entré gratis a ver las salas decoradas con muebles de los siglos XVI y XVII y, aunque la casa es una reconstrucción, ayuda a entender la vida cotidiana de la época del escritor.
Después cogí el coche para ir al yacimiento de la Ciudad Romana de Complutum, que está un poco más apartado del centro pero tiene unos mosaicos romanos en un estado de conservación increíble. Entré también a la Casa de Hippolytus para ver el famoso mosaico de la escena de pesca y creo que, para quien disfrute de la arqueología, merece la pena visitar Alcalá de Henares por este legado romano tan bien expuesto.
Los puntos con mejor estética de la ciudad complutense
No me fui del centro sin hacerme la foto de rigor con las estatuas de Don Quijote y Sancho Panza que están sentadas en un banco justo frente a la casa de Cervantes. La imagen es muy compartida en redes sociales porque las figuras tienen un tamaño real y la luz de la tarde les da un aspecto muy fotogénico.
Caminé después hacia el Palacete de Laredo, cuya fachada neomudéjar es preciosa y destaca muchísimo por sus azulejos y su minarete de inspiración oriental. También me acerqué a la Catedral Magistral, que me resultó sobria por fuera pero interesante por ser de las pocas en el mundo con ese título, y subí a la Torre de Santa María para ver los tejados de la ciudad desde arriba.
Pasé por la Capilla del Oidor para ver la pila donde bautizaron a Cervantes y luego recorrí un tramo de la Muralla, subiendo a algunos torreones para tener una perspectiva distinta del Palacio Arzobpal. Terminé el paseo viendo el Convento de San Bernardo y su enorme cúpula ovalada, que queda muy bien en las fotos por su escala monumental dentro del entorno urbano.
Mi honesta opinión sobre si merece la pena visitar Alcalá de Henares
Tras caminar todo el día, me senté un rato en un banco de la Plaza de Cervantes, justo donde está su estatua, para ver el ambiente antes de volver al coche. Alcalá de Henares es una ciudad que se disfruta caminando y que, a pesar de estar tan cerca de Madrid, mantiene una identidad propia muy marcada por su pasado universitario y literario.
Me llamó la atención la longitud de la Calle Mayor, que es la calle soportalada más larga de Europa, y me pareció un lugar cómodo para pasear incluso si llueve o hace demasiado sol. Aunque algunos sitios cierran a mediodía, la oferta de museos y edificios históricos es tan amplia que siempre hay algo que ver en cada esquina.
Al final del recorrido, mi sensación es que la excursión compensa totalmente por la cantidad de cultura que concentran sus calles. Mi experiencia fue positiva y creo firmemente que merece la pena visitar Alcalá de Henares para entender mejor la historia de España sin las prisas de la gran capital.