Osuna aparece al fondo de la A-92 como una mancha blanca sobre una colina suave, rodeada de campos de cereal que en verano se vuelven completamente amarillos. Aparqué cerca del centro sin ningún problema y lo primero que noté al bajar del coche fue el silencio. Un pueblo de unos diecisiete mil habitantes donde las fachadas de piedra tallada y los escudos nobiliarios sobre los portones no encajan con lo que imaginas de la campiña sevillana.
Esa fue mi primera sorpresa. La segunda vino al comprobar que la mayoría de monumentos se concentran en un radio que se recorre a pie en veinte minutos y que un día entero, eligiendo una fecha en la que anochezca tarde, da para hacerse una idea bastante completa del pueblo. Hay que ir con calzado cómodo porque la zona monumental tiene cuesta y los adoquines resbalan cuando están mojados. Puedo adelantar ya que merece la pena visitar Osuna, pero conviene saber qué ofrece y qué no antes de organizar la escapada.
Una colina con colegiata, universidad y dragones de HBO
Subí primero a la parte alta del pueblo, donde se agrupan los tres edificios que justifican la cuesta. La Colegiata de Santa María de la Asunción me encantó desde el primer vistazo. Por fuera está muy bien conservada, con esa piedra renacentista sobria que gana mucho con la luz de media mañana. Entré con la visita guiada, unos 6 euros, y el interior me sorprendió bastante más que la fachada.
La colección de pintura barroca es impresionante, con obras de José de Ribera colgadas en la sacristía que se pueden ver de cerca. Bajé al sepulcro de los Duques de Osuna, un espacio plateresco bajo tierra donde descansa casi todo el linaje ducal. Los arcos del patio interior también me gustaron y me quedé un rato recorriéndolos con calma antes de salir al mirador. Desde la entrada principal las vistas del pueblo con los campos al fondo son de las mejores que me llevé de todo el día.
A pocos metros de la Colegiata entré en la Universidad de Osuna, fundada en 1548 y todavía activa como centro docente. El edificio rectangular con cuatro torreones se distingue desde cualquier punto del pueblo, pero lo mejor está dentro. Que un pueblo tenga una universidad renacentista en funcionamiento ya dice mucho de lo que fue Osuna en su época. Su patio porticado es precioso y me senté un rato a disfrutarlo antes de pasar al Monasterio de la Encarnación, justo al lado. El monasterio empezó como hospital en el siglo XVI y acabó convertido en convento mercedario. Alberga una colección de arte sacro y la entrada es gratuita, así que lo recorrí rápido.
Ya bajando hacia el centro me acerqué a la Plaza de Toros, de 1904, diseñada por Aníbal González. Desde 2015 es parada obligada para muchos visitantes porque HBO rodó aquí la escena de la Fosa de Daznak en el episodio 5×09 de Juego de Tronos. Completé la visita en el Museo de Osuna, instalado en el Palacio de los Hermanos Arjona y Cubas. Fui sobre todo por la Sala Fuego y Hielo, donde se exponen trajes y atrezo originales del rodaje. A cualquier seguidor de la serie le digo que solo por pisar esa plaza de toros y recorrer esta sala ya merece la pena visitar Osuna.
La calle que la UNESCO eligió y la cantera que llaman Petra
Bajé al centro por calles empedradas y llegué a la calle San Pedro, que la UNESCO ha declarado la más bonita de Europa. Paseé despacio y puedo confirmar que es preciosa. Las fachadas de los palacios barrocos de piedra caliza se suceden una detrás de otra y la densidad de edificios señoriales es difícil de encontrar en otro pueblo andaluz. Me metí en el Palacio del Marqués de la Gomera, que hoy funciona como hotel y permite el acceso libre a las zonas comunes. El patio central y la capilla privada con su retablo barroco en madera dorada merecen esos cinco minutos de desvío.
Salí del palacio y caminé hasta la Iglesia de Santo Domingo, fundada en 1531, con unas capillas laterales de techos mudéjares y yeserías que me llamaron la atención por lo bien conservadas que están. La entrada es gratuita. Justo al lado paré en la Confitería Santo Domingo a probar las aldeanas, el dulce típico de Osuna. Es un bizcocho relleno de crema de batata que suena extraño pero que funciona. El local tiene ese aire de pastelería de toda la vida y se agradece la pausa entre tanto monumento.
Para cerrar el día conduje cinco minutos hasta las afueras y visité el Coto de las Canteras, una cantera de más de 2.500 años que llaman la Petra de Andalucía. El yacimiento es muy interesante y los relieves tallados en la roca impresionan cuando los ves de cerca. Las paredes de piedra del interior crean un paisaje que recuerda a Oriente. La entrada ronda los 3 euros y el recinto funciona también como auditorio natural para eventos. La luz entraba bien y las fotos salían prácticamente solas, así que me encontré a bastante gente posando para sus redes.
Después de caminar entre esas paredes entiendo por qué dicen que merece la pena visitar Osuna. No conozco nada igual en el resto de Andalucía.
¿Volvería mañana a Osuna?
Cogí el coche de vuelta a media tarde con buena sensación. Si me preguntan con qué me quedo, lo tengo bastante claro. El Coto de las Canteras, la calle San Pedro, el patio de la Universidad de Osuna y la Colegiata. Cuatro visitas que se hacen en una jornada sin agobios y que dejan una impresión difícil de encontrar en otros pueblos andaluces de tamaño parecido.
Osuna se recorre en un día largo, siempre que no anochezca antes de las ocho de la tarde. Un fin de semana entero puede ser demasiado, pero como escapada desde Sevilla, Málaga o Granada funciona muy bien. Recorrí el pueblo sin correr y me sobró tiempo antes de volver. Merece la pena visitar Osuna por ese patrimonio tan concentrado y por sorpresas como una cantera que parece transportada de otro continente. Pocos pueblos de Sevilla pueden presumir de tanto con tan poco ruido.