¿Merece la pena visitar Medina Sidonia? Conoce mi opinión viajera

Medina Sidonia se ve desde lejos, encaramada en lo alto de su cerro con todas las casas blancas apretadas unas contra otras. Llegué por la carretera que viene desde Chiclana y aparqué en la parte baja, cerca de la Plaza de España, sin saber todavía cuántas cuestas me esperaban. La primera impresión fue la de un pueblo tranquilo, muy limpio, con ese silencio de media mañana que tienen los pueblos del interior de Cádiz cuando la costa se lleva a todos los turistas. Enseguida noté que aquí todo sube. Las calles tiran para arriba sin descanso y llevar buen calzado no es una sugerencia. Antes de venir me planteé si realmente merece la pena visitar Medina Sidonia teniendo tan cerca playas y pueblos costeros, así que decidí dedicarle el día y comprobarlo caminando.

Lo que fui descubriendo mientras subía cuestas fue un pueblo con más de tres mil años de historia donde han dejado huella fenicios, romanos, visigodos y musulmanes. Esa mezcla se nota en cada esquina sin que nadie te lo tenga que explicar. Pasé bajo arcos árabes del siglo X, entré en una iglesia gótica construida sobre una mezquita y subí hasta un castillo donde se apilan tres fortificaciones de épocas distintas. Medina Sidonia da para un día entero, y ese día, si lo aprovechas bien, te deja con la sensación de haber visto algo diferente a los pueblos blancos de postal.

El paseo que le da sentido a la visita

Empecé en la Plaza de España, que es donde todo el mundo acaba sentándose tarde o temprano. Es una plaza amplia, peatonal, con el Ayuntamiento barroco presidiéndola y varias terrazas alrededor. Me senté un rato en uno de los bancos a la sombra a mirar la fachada y el ir y venir de la gente. Es de esos sitios donde estar sentado sin hacer nada ya es un buen plan.

Desde allí salí caminando por la Calle San Juan, la arteria principal del casco histórico. Es una calle muy recomendable para pasear con calma, con comercios a ambos lados y varios edificios interesantes que invitan a ir parando cada pocos metros. Me gustó el ambiente, esa mezcla de vida local y turismo tranquilo que no siempre se encuentra por la provincia.

En esa misma calle se encuentra el Convento de San Cristóbal, un convento de monjas agustinas del siglo XVII que conserva un obrador de repostería artesanal donde venden dulces a través del torno. No llegué a entrar, pero es una de esas paradas que los vecinos siempre recomiendan.

Medina Sidonia es conocida también por sus alfajores, el dulce con más tradición del pueblo, con Indicación Geográfica Protegida y una receta que lleva siglos sin cambiar. La Confitería Sobrina de las Trejas, en la propia Plaza de España, y Aromas de Medina son los dos nombres de referencia para comprarlos. No los probé en esta visita, pero sí me senté a comer cocina gaditana típica, que en esta parte de Cádiz siempre cumple. Si alguien me preguntase si merece la pena visitar Medina Sidonia, le diría que sume la gastronomía al paseo y que las cuestas se olvidan bastante rápido.

Arcos, murallas y un subsuelo que no esperas

El Arco de la Pastora fue lo que más me gustó del pueblo. Es una puerta árabe del siglo X con una escalinata y dos arcos de herradura que queda perfecta en cualquier foto. Junto a él se conserva la Muralla de la Fuente Salada, un tramo largo del sistema defensivo que protegía la medina musulmana. Me hice varias fotos allí para mandar a la familia y alguna que otra para Instagram, porque el sitio lo pide.

Algo parecido me pasó con el Arco de Belén, que está más arriba, en la subida hacia la iglesia. Es más pequeño que el de la Pastora, pero tiene un encuadre muy chulo con la Iglesia de Santa María la Coronada asomando al fondo. Paré a sacar la foto que saca todo el mundo y seguí subiendo.

La Iglesia de Santa María la Coronada es preciosa. La fachada, con su torre de 40 metros, impone al llegar a la Plaza de la Iglesia Mayor desde abajo. Entré y me encontré con un templo gótico renacentista del siglo XVI construido sobre la antigua mezquita mayor. El Retablo Mayor es espectacular, de esos que justifican solos el precio de la entrada. Merece la pena visitar Medina Sidonia aunque solo fuera por plantarse delante de ese retablo y quedarse un rato mirándolo.

Desde la iglesia seguí subiendo hasta el Castillo de Medina Sidonia, en el punto más alto del cerro. Lo que queda hoy son restos, pero ver superpuestos un castellum romano, un alcázar árabe del siglo XI y una fortaleza medieval del XV es bastante impresionante. Las vistas desde arriba, a unos 300 metros sobre el nivel del mar, cubren toda la campiña gaditana y en días claros se distingue la Bahía de Cádiz.

No llegué a visitar el Espacio Arqueológico Romano, que está en otra zona del pueblo y guarda galerías subterráneas de alcantarillado del siglo I y restos de la antigua Asido Caesarina. Cerca de allí se conserva un tramo de calzada romana en la calle Sacramento, con losas originales y marcas de tableros de juego grabadas en el suelo. Por lo que leí después, es una de las visitas que más sorprende. Tampoco pasé por la Iglesia de Santiago el Mayor, un templo mudéjar de principios del XVI cuyo artesonado en la nave central tiene fama de ser de lo mejor del pueblo. Ambos quedan pendientes para otra vez.

¿Volvería a Medina Sidonia?

Medina Sidonia es un pueblo bonito, con mucha historia dentro y con esa calma que cada vez cuesta más encontrar en Cádiz cuando llega el verano. Yo le dediqué una jornada entera sin prisas, caminé sus cuestas, entré en la iglesia y en el castillo, y me senté a comer cocina típica andaluza antes de irme. No necesité más tiempo, pero tampoco me sobró nada.

Me fui con la sensación de haber visto un pueblo distinto a los que suelen salir en las listas de la provincia. Merece la pena visitar Medina Sidonia sobre todo si andas por la zona de Cádiz y te apetece salirte de la costa un rato. El pueblo está ahí arriba, en su cerro, mezclando arcos árabes con iglesias góticas mientras bajo el suelo quedan las cloacas romanas. Eso no lo encuentras en cualquier sitio.

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