¿Mejor época para viajar a Cabo Verde? Descubre la mejor época para ir

Si necesitas una respuesta rápida, quédate con esta: la mejor época para viajar a Cabo Verde va de noviembre a junio, que es la temporada seca, y dentro de ese margen yo apuntaría a marzo, abril y mayo. Hace bueno, cae muy poca lluvia y todavía no han subido ni los precios ni el número de turistas del verano europeo.

No hay una única fecha correcta, y ahí está el matiz. Todo depende de qué priorices. Si vas buscando calor y mar templado para no salir de la playa, el verano cumple aunque salga más caro. Si lo tuyo es el senderismo y la tranquilidad, la primavera gana por goleada. Y si viajas por el surf, te interesa el viento de finales de verano. El archipiélago se puede visitar los doce meses gracias a un clima muy estable, entre 20 y 30 °C, así que la decisión pesa más en el bolsillo y en la cantidad de gente que en si te va a hacer sol.

La mejor época para viajar a Cabo Verde

Mi apuesta clara es la primavera: marzo, abril y mayo. En esos meses las máximas se mueven en torno a los 24-25 °C, las mínimas rara vez bajan de 19-20 °C y prácticamente no llueve, con seis o siete horas de sol al día. El agua se queda sobre los 23 °C. Fresca, pero perfectamente bañable.

¿Por qué esos meses y no cualquier otro de la temporada seca? Por cómo combinan los tres factores que de verdad importan: clima, gente y precio. En marzo y abril hay bastante menos gente que en Navidad o en pleno agosto, y eso se traduce en vuelos y alojamiento más baratos. Noviembre es la otra ventana que yo miraría con lupa: las islas montañosas siguen verdes tras las lluvias, el cielo está despejado y el ambiente es tranquilo antes de que llegue el pico navideño.

Si lo que buscas es agua caliente para bañarte sin pensártelo, la mejor época para ir a Cabo Verde es septiembre y octubre suben el mar hasta los 26 °C, pero vienen con más humedad y algún chubasco. Para un viaje redondo, entre marzo y mayo es lo que reservaría sin dudarlo.

Mejor época en Cabo Verde según lo que busques

Si priorizas el buen tiempo

La franja seca y estable va de noviembre a junio. Dentro de ella, el punto dulce está de marzo a mayo: sol casi garantizado, lluvia cero y temperaturas de 24-26 °C que sirven igual para playa que para caminar.

Si quieres esquivar las aglomeraciones

Si buscas la mejor época para ir a Cabo Verde sin aglomeraciones, los meses más tranquilos son abril, mayo, junio y noviembre. Te libras del gentío del verano europeo y también del atasco navideño, cuando miles de caboverdianos emigrados vuelven a casa y llenan Sal, Boa Vista y Santiago.

Si vas con el presupuesto ajustado

Los precios caen fuera de temporada alta, es decir, lejos de julio-agosto y de la ventana de Navidad y Año Nuevo. Mayo y junio, antes de que empiece la subida veraniega, suelen dar los vuelos y alojamientos más asequibles. Noviembre y principios de diciembre también funcionan bien.

Si lo tuyo son el surf y el kitesurf

Aquí la lógica se invierte: quieres viento. Los meses con más oleaje y brisa van de finales de verano al otoño, con la ventaja añadida de un mar más cálido. En Sal, además, el kitesurf funciona muy bien en los meses secos y ventosos del invierno, de diciembre a marzo.

Si buscas playa, naturaleza y tortugas

La playa en Sal y Boa Vista se disfruta casi todo el año por su clima desértico y estable. Para ver las islas montañosas en su versión más verde, Santo Antão o Santiago lucen mejor de octubre a diciembre, después de las lluvias. Y si te hace ilusión el desove de tortugas, la anidación va de junio a octubre, con el pico en julio y agosto en las playas de Sal y Boa Vista.

Las estaciones, una a una

En primavera, de marzo a mayo, tienes para mí la mejor combinación del año y la mejor época para ir a Cabo Verde para muchos. Máximas de 24-25 °C, ambiente seco, seis o siete horas de sol al día y pocos turistas. Los precios se quedan en un punto medio-bajo. ¿El pero? El agua ronda los 23 °C, algo fresca si eres friolero, y en algunas islas el viento molesta un poco en la playa.

El verano aprieta. Entre junio y agosto las máximas trepan de 26 a 28 °C con bastante humedad, y en julio y agosto empiezan a caer chubascos. A cambio, el mar se pone a gusto, entre 24 y 25 °C, y el viento anima a los surfistas. Es temporada alta para el turismo europeo, así que Sal y Boa Vista se llenan y los hoteles se disparan de precio. Buen mar y buen ambiente, sí, pero caro y algo sofocante.

El otoño es la parte más húmeda del calendario. Septiembre y octubre concentran la lluvia (unos seis y cinco días de precipitación al mes, frente a cero o uno del resto del año) y la humedad se nota. A favor juegan dos cosas: el agua alcanza su máximo, unos 26 °C, y las islas montañosas se ponen verdes. En contra, los chubascos complican los accesos a la montaña en Santo Antão o Santiago, y hay menos vuelos fiables entre islas.

El invierno caboverdiano es suave y muy soleado, un buen refugio del frío europeo. De diciembre a febrero las máximas se quedan en 23-26 °C y las mínimas bajan a 19-20 °C, con noches frescas que piden una chaqueta ligera. Apenas llueve. El punto flaco es la Navidad: entre la vuelta de los emigrantes y el carnaval de febrero, el alojamiento sube y escasea justo en ese tramo.

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La época que yo evitaría

Si me dieran a elegir, esquivaría agosto y septiembre. Es cuando coinciden el calor húmedo, el pico de lluvia y los aguaceros que enfangan los senderos de montaña. Para playa pura en Sal o Boa Vista aún se salva, porque son islas desérticas, pero para recorrer el archipiélago o caminar en Santo Antão es el peor momento.

También pisaría el freno en dos tramos por motivos de bolsillo y aglomeración. El verano europeo, julio y agosto, llena las playas y dispara los precios de hotel. Y la ventana de Navidad y Año Nuevo se abarrota con la vuelta de la diáspora, con vuelos internos y alojamientos muy tensionados. Si tu prioridad es pagar poco y moverte con calma, esos dos periodos no son para ti.

Fiestas y eventos que marcan el calendario

El evento gordo es el carnaval de Mindelo, en la isla de São Vicente, que se celebra en febrero (cae en Martes de Carnaval, así que la fecha se mueve cada año). Es la fiesta más multitudinaria del país, con desfiles de inspiración brasileña, y llena el alojamiento no solo en São Vicente sino en las islas vecinas. Ve con reserva hecha si quieres cazarlo, o esquívalo si buscas tranquilidad y precios contenidos.

En verano manda la música. El festival de Baía das Gatas, en São Vicente, se monta el fin de semana de luna llena de agosto: tres días, entrada libre y decenas de miles de personas, muchas de ellas caboverdianos que vuelven de Europa y Estados Unidos. En Sal, el festival de Santa Maria anima septiembre. Si prefieres algo más de autor, el Kriol Jazz Festival de Praia suele caer en abril y el festival de Gamboa, también en Praia, a mediados de mayo.

Fuera del circuito musical hay dos citas que vale la pena tener en el radar. Las fiestas de San Juan, alrededor del 24 de junio, llenan varias islas de tabancas y romerías, con Santiago como epicentro. Y en octubre, la fiesta de la vendimia de la isla de Fogo es una buena excusa para subir al volcán en un mes por lo demás flojo de turismo.

Mi veredicto: primavera para casi todo el mundo

Si tuviera que reservar yo, iría en abril o mayo. Es la mezcla que mejor equilibra los tres frentes: buen tiempo seco, poca gente y precios contenidos, con el añadido de unas islas montañosas todavía verdes. Para senderismo puro en Santo Antão, adelantaría un poco a marzo; para bañarme con el mar más caliente, me plantearía finales de junio, asumiendo algo más de calor y de precio.

El verano lo dejaría solo para dos perfiles: quien no pueda viajar en otras fechas y quien vaya buscando específicamente viento para surfear o el ambientazo de los festivales de agosto. El resto tiene poco que ganar pagando más por más calor y más gente.

En el fondo, la mejor época para viajar a Cabo Verde es la que encaja con lo que quieras hacer allí, pero si me obligas a mojarme, primavera.

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