¿Merece la pena visitar Lorca? Averigua mi opinión más sincera de 2026

La cuesta hasta la Fortaleza del Sol es empinada, y la subí a pie con alguna parada para mirar los tejados que iban quedando abajo. Desde arriba Lorca se ve entera, con las cúpulas de las iglesias asomando entre casas amarillas y la llanura del Guadalentín al fondo. Fui sin grandes expectativas y volví convencido de que merece la pena visitar Lorca, sobre todo si te gustan las ciudades barrocas que se recorren andando. Hay algo que se nota nada más llegar. Todavía se distinguen fachadas y campanarios reconstruidos tras el terremoto de 2011, y en alguna iglesia la parte nueva se ve a simple vista.

Así que mi respuesta es que sí, y empezaría la visita justo por donde la empecé yo, arriba del todo.

De la Fortaleza del Sol a los bordados del Paso Blanco

Empecé por el castillo porque desde ahí se entiende todo. Pagué los 7 € de la entrada general y fui directo a la Torre Alfonsina, la que mandó construir Alfonso X. La vista de 360 grados es espectacular y sirve para hacerse una idea del tamaño del municipio, el segundo más extenso de España después de Cáceres. Las murallas y las torres vigía están muy bien cuidadas. Luego bajé por la ladera hasta la judería, donde se ven los muros de las casas excavadas, y entré en la sinagoga del siglo XV. Es de lo más curioso de Lorca, porque nunca se convirtió en otro templo y conserva su estructura original.

Desde la fortaleza bajé andando hasta la Plaza de España, que es el centro de todo. Me senté bajo los árboles de la plaza a mirar fachadas. A un lado queda el Ayuntamiento con sus dos galerías de arcos, y en la Casa del Corregidor hay un relieve curioso con Elio y Crota sujetando los escudos, que explica el viejo nombre romano de Eliocroca. Pero la que manda es la Colegiata de San Patricio. Su fachada es tan grande que la confundes con una catedral, y entré a ver los murales del siglo XVI que aparecieron al restaurarla después del terremoto. Es la única colegiata de España dedicada a San Patricio, por una batalla ganada un 17 de marzo de 1452.

Callejeando por el antiguo barrio de las familias ricas me paré delante del Palacio de Guevara. La portada barroca, con columnas salomónicas y decoración vegetal, es de las más bonitas de la ciudad y queda bien para una foto. Entré al patio, que se puede visitar. De camino pasé por el Teatro Guerra, con su fachada roja y los bustos de Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina y Moratín. Solo por este paseo de fachadas ya merece la pena visitar Lorca.

La sorpresa llegó en los museos de Semana Santa. Entré primero en el del Paso Blanco, en el antiguo Convento de Santo Domingo, y me pareció una locura. Los bordados en seda y oro tienen un nivel de detalle brutal y hay mantos que tardaron casi 20 años en terminarse. Después fui al Museo del Paso Azul para comparar, y el estilo es tan distinto que lo distingues sin saber nada del tema, con escenas de civilizaciones antiguas como Egipto o Roma y hasta una Cleopatra. Me senté en su patio antes de salir. Ahí entendí que la Semana Santa lorquina son desfiles bíblicos con caballos y dos cofradías rivales.

Lo que tendría en cuenta antes de subir al castillo de Lorca

La subida a pie es empinada, así que yo la haría a primera hora y con agua, y dejaría la bajada al centro para después. Con eso resuelto, merece la pena visitar Lorca incluso en una escapada corta desde Murcia o la costa.

Antes de ir, mira los horarios del castillo y de los museos, porque cambian según la época y no todo abre todos los días.

Yo volvería en Semana Santa para ver en la calle los mantos que vi en las vitrinas. Me quedo con el castillo, la Colegiata y los bordados del Paso Blanco, que son lo que de verdad justifica el viaje. Por todo eso, merece la pena visitar Lorca, y aunque se ve en un día intenso, con dos la recorres con calma.

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